sábado, 13 de agosto de 2011

El dilema del erizo


Se trata de un concepto usado en psicología para referirse a esta situación: una persona desea el contacto con los demás, pero al mismo tiempo teme el daño que le puede hacer este contacto; igual que un erizo puede desear la compañía de otro erizo, pero tener miedo de clavarse con sus púas.

En el blog sólo suelo hablar de mi fobia social transversalmente, quizá porque siendo sincero tengo que reconocer que no es de una intensidad muy fuerte. Basta informarse un poco para saber de gente que es incapaz de salir de casa o llevar a cabo muchas tareas cotidianas. Yo, objetivamente, he logrado muchas cosas en mi vida, como reunir un puñado de amigos aquí y allá, una relación estable precedida de otros intentos de relación, acabar los estudios, llevar a cabo un trabajo... Parece desagradecido quejarse sabiendo que mucha gente no tiene nada de eso, pero qué se le va a hacer, cada uno se preocupa por su circunstancia...

El caso es que mi grado X de FS, sea el que sea, me dificulta el día a día y me hace pasar ratos horribles. Quizás porque te sientes en tierra de nadie. No eres ni una de esas personas confiadas que se expresan sin problemas y hacen lo que desean, ni tampoco alguien que vive atrincherado tras su puerta y por tanto protegido de los problemas de la interacción con los demás. Es como estar en medio de una guerra y, mientras los demás van en tanque, tú tienes un tirachinas.

El título del post venía a cuento porque recientemente logré por fin marcharme de ese sitio que nunca me gustó en el que he estado viviendo durante dos años. Ahora vivo en un lugar lleno de posibilidades y de cosas que ver, y eso me ilusiona. Pero si echo la vista atrás, no puedo evitar entristecerme un poco al ver que después de tanto tiempo allí, no me dejo a nadie importante atrás. Estoy resumiendo mucho porque en realidad sí que establecí algunas relaciones con alguna gente, y con alguna en particular pensé que la amistad iba a ser de las que se quedan para siempre, aunque sólo puedas hablar por teléfono... pero una vez me he marchado de allí, y por cómo se han desarrollado las cosas, veo que las palabras, las risas y las confesiones se las va a llevar el viento...

Una parte de mí cree que esto ha ocurrido porque me pasa lo del título del post: que no dejo que la gente me conozca de verdad, y por tanto no les puedes importar verdaderamente. Otra parte de mí, como el diablito y el angelito, responde que quizá no conocí a nadie con quien de verdad conectara, y que los amigos verdaderos no se buscan, se encuentran. ¿Cuál tiene la razón?

Una de las cicatrices que llevo siempre a cuestas es la de los mejores amigos que han dejado de serlo. Quizás esto es algo muy común que le pasa a todo el mundo y yo dramatizo demasiado, pero me duele enormemente cuando pienso en ellos. Hasta hoy, en tres ocasiones los que eran mi mejor amigo se han alejado.

Primero fue Aidan, mi amigo de la infancia. Fuimos mejores amigos durante años, hasta llegar a la adolescencia. En el caso de él lo tengo ya muy superado, aunque en su momento fue horrible, porque sí, fuimos muy amigos de niños, pero lo cierto es que dejamos de serlo justo cuando yo empecé a convertirme en quien soy hoy, cuando atravesé el típico trance de conflictos por la sexualidad... todas esas cosas. Así que con él es como si no me hubiera conocido realmente, o como si hubiera conocido solamente una parte pequeña de mí, mi yo-de-niño.

Mario vino después, y lo de él sí me marcó muchísimo. Mario compartió conmigo toda esta fase tardía de de autodescubrimiento, de enfrentarse al primer amor, de ser de verdad tú mismo. Tendría que dedicarle una entrada entera a Mario para hacerle justicia, porque el impacto que tuvo en mi fue enorme y dura hasta hoy, así que cuando nuestra amistad se empezó a diluir me dolió muchísimo, y aún me duele. Hoy en día conservamos una amistad mucho más limitada. La típica en que no puedes evitar darte cuenta de que eres tú el que más pone de su parte... Muchas veces he pensado dejar de tirar de la cuerda, pero al final siempre he sido incapaz.

Luego vino Terry, y si bien no llegó al punto de Mario, también tuvo una gran importancia. Terry era de esas personas terriblemente perceptivas, que son capaces de sacar la verdad de ti rápidamente. Para alguien como yo, que me cuesta tanto darme a conocer, este tipo de gente lo logra sin problemas... Terry apareció en un momento en el que estaba hecho polvo y necesitaba desesperadamente una mano que me sacara del agua. Y ahí apareció él. Nos hicimos mejores amigos, del tipo que puede hablar cada día sin quedarse sin cosas que decirse, del tipo que sabe bien qué piensa el otro sin apenas hablar... Lo de Terry sinceramente nunca llegué a entenderlo del todo. Tuve que mudarme por causas de fuerza mayor de aquella ciudad que había llegado a apreciar tanto, y casi al instante se desvaneció por completo, pese a mis múltiples (múltiples) intentos de mantener el contacto. Nunca lo entenderé.

Y llegamos a hoy. Hoy se puede decir que mi mejor amigo, además de novio, es Ikki, y mi mejor amiga, Aisha. No es que nunca diera por sentados a los que vinieron antes, pero después de todo eso, más que nunca quisiera poder tenerles en mi vida para siempre... A veces Ikki y yo hemos hablado de que si un día rompiéramos, yo querría estar en contacto con él siempre, porque pase lo que pase es una parte de mi vida importante, y él en ocasiones me ha prometido que sí, y en otras me ha dicho que eso nunca se puede saber...

Ya ves cómo me he ido desviando del tema, jajaja. Otro día hablaré de la fs y la vida cotidiana y demás...