El otro día estuve apenas un par de días en la Ciudad X. Iba a pagar lo que habia comprado en aquella tienda, cuando una voz me dijo: "Yo te conozco". Se trataba de una chica que trabajaba cerca de mi primer piso en la Ciudad X. Y, más de dos años después, esta persona que pasó fugazmente por mi vida, aparecía de nuevo y me recordaba. Habalamos un ratito... Me hizo ilusión esta extraña casualidad, y a la vez me dio melancolía.
Una de las cosas que me entristece de la vida en general, es que estamos destinados a verlo todo cambiar. A veces eso está bien, claro, pero ahora me refiero concretamente a que hay gente a la que un buen día, sin más, dejas de ver. No estoy hablando de la muerte, sino de esas amistades que se acaban disolviendo, de esos conocidos que nunca llegaron a ser tus amigos pero por los que sin embargo sentías un extraño cariño, de la persona que trabaja en la caja del supermercado, del cartero, del dependiente de la tienda donde compras los recados, del portero del edificio al que sueles ir...
Cuando vivía en la Ciudad X, sólo empecé a sentirme de verdad integrado cuando conocí a Terry. Me sentí muy afortunado, y se convirtió, sin prisa pero sin pausa, en mi mejor amigo. Mi mejor amigo-hombre, porque la persona que es mi mejor amiga en general es desde hace años Aisha, y con ella de verdad cruzo los dedos por no perder nunca su amistad estemos donde estemos. Terry es una persona perceptiva, inteligente, un puntito friki (en esto nos entendíamos bien), y con unas tremendas habilidades sociales (en esto, evidentemente, somos polos opuestos ;). Junto a Terry, un pequeño grupito se fue formando (y fue indirectamente por este grupo que conocí a Ikki), y así, sin caer en la cuenta, me sentí por fin integrado en esa ciudad. Vivía en un piso compartido con otras tres personas. Nunca he hablado de ellas en este blog, pero lo cierto es que en el tiempo que convivimos, les cogí un cariño especial a mis tres compañeros.
Llegó la crisis económica y con ella el paro. Y así, en un momento dado, vi que ya no podía seguir viviendo en la Ciudad X, al menos de momento. Entonces se me ocurrió el plan de los tres meses (está todo contado
aquí), que finalmente no pudo ser. De la noche a la mañana, sin saber que sería definitivo, dejé de vivir en X, dejé de vivir en ese piso, dejé de ver a mis compañeros, y el grupito que había formado con Terry como epicentro pasé a poder verlo sólo en las breves escapadas a la Ciudad X que pude hacer.
Pero, al final, de esa época sólo Ikki y algunos compañeros de clase han seguido en mi vida.
Desde el momento en que puse el pie fuera de X, Terry empezó rápidamente a alejarse de mí física y emocionalmente. El grupito saltó en pedazos. Unos se pelearon, otros tuvieron también que marcharse por razones económicas. Y la última vez que quedé con lo que quedaba del grupo, me di cuenta de que
yo ya no era parte. Hablaban, se reían, conversaban sobre terceros que no conozco. Según pasaban las horas, mientras trataba de sonreír y mostrarme a gusto, sentía como si algo negro y viscoso me fuese llenando por dentro. El pobre Ikki se iba dando cuenta de todo.
Puede parecer una tontería, pero aunque pasan las semanas sigo pensando a menudo en todo esto, y tengo conversaciones imaginarias con Terry en las que me enfado, le hablo con frialdad, le pido explicaciones... Hay otra gente a la que he perdido, pero supongo que por ser el más importante es en él en quien más pienso. Tal vez, a menos que intervenga la casualidad, nunca nos volvamos a ver. Después de la última vez me di cuenta de que si Terry no llamaba no era por estar muy ocupado. Y una amistad se alimenta en dos direcciones.
Me costó muchísimo formarme un mundo propio en la Ciudad X. Como me dijo una persona al principio de estar allí, yo estaba luchando con uñas y dientes por hacerme un hueco. Y un año y medio después de conseguirlo, ese mundo se ha disgregado en todas direcciones. Ahora vivo en otra ciudad, con todo por hacer una vez más. A veces me entra mucha melancolía, y hasta miedo pensando en esto. Le he puesto ese título al post porque es lo que trato de pensar: que así es la vida, un cambio constante (y sobre todo mi vida... esta es la tercera ciudad en la que vivo en un año aproximadamente), y que lo único que puedes hacer es tragar saliva y pensar sólo en lo próximo.
Aunque nunca lo van a saber, este post está dedicado a esas personas de X que formaron parte, más o menos grande o pequeña, de mi mundo en esa ciudad: Terry, Lennon, los dos Íes, Las Chicas, Loro, la chica de la tienda, su jefa, el dependiente de mercadona que siempre veía y que aquel día trató de hacerme sentir menos mal por la botella que se rompió, el hijo de los dueños de la pequeña tienda china, mis tres últimos compañeros de piso, la amiga-con-derecho-a-roce de uno de ellos, Damián y Ulises, la primera compañera que tuve, Iris, la primera con la que pude hablar de verdad, Oliver, que me apoyó en momentos horribles... Seguro que me dejo gente en el tintero.