domingo, 7 de junio de 2015

Objetivo: disciplina



Las cosas en mi trabajo van a peor.

Necesito salir de allí cuanto antes. Y necesito, haciendo honor al nombre de este blog, darle a mi vida un profundo giro.

Me resulta deprimente sentirme así, pero la realidad es que con casi 35 años me estoy dando cuenta de lo perdido que me encuentro en muchos ámbitos.

A nivel laboral, como ya expliqué en la entrada anterior, me ha quedado claro que he elegido una carrera para la que realmente yo no era apropiado. No se trata de querer sentirte útil, no se trata de sentir que tu trabajo importa, que también, sino que también se trata de tener unas cualidades personales, como la capacidad organizativa, la capacidad de centrarse en el aquí y el ahora y no perderse en ensoñaciones, el pragmatismo y la capacidad de liderazgo, de las que yo carezco.

Estos días se celebra la feria del libro, y como cada vez que entro en contacto con el mundo del arte y la creatividad, me invade una sensación agridulce: a la vez que disfruto de ello, me entra una envidia tremenda. Ver a toda esta gente que vive de su creatividad, sentados en sus stands, hablando con gente a la que les ha gustado su libro, o, si no son tan populares, tratando de convencerte para que le des una oportunidad a aquello que han creado. Sólo cuando tu trabajo te hace sentir vacío, te das cuenta de la enorme suerte que es vivir del arte.

De pequeño me gustaba mucho escribir, y todo el mundo me decía que tenía mucha imaginación. De una forma medio "mágica", llegué a creer que con desearlo, acabaría trabajando de guionista para el cine o la tele. Pero con el paso del tiempo, y sólo con que uno abra un poco los ojos y observe el mundo, se empieza a dar cuenta de varias cosas.

De que no eres ni tan especial ni tan bueno como creías, y que una vez sales de la pequeña pecera de tu clase del colegio o del círculo familiar, el mundo es enorme y está LLENO de gente muchíiiiiisimo mejor que tú, que escribe maravillosamente y tiene un talento descomunal.

De que eres un vago y te cuesta horrores sentarte a hacer eso que supuestamente "te gusta". De que gran parte de tu tiempo se va en matarlo haciendo tonterías que no te aportan nada al final.

Lo primero realmente no está en mis manos. Que siempre habrá alguien mejor es inevitable. Uno verdaderamente sólo puede competir contra sí mismo, y aspirar a ser  la mejor versión de sí mismo que pueda.

Lo segundo sí lo puedo controlar. Esta pereza y esta dejadez nunca me van a solucionar nada, y si una cosa he observado en toda esta gente que logra escribir su libro, rodar su película, hacer su exposición, etc., es que se concentran en echarles horas a hacer su trabajo. Tienen disciplina, que es el requisito primero y esencial para lograr algo; casi más crucial que otros factores también importantes como el talento y la suerte.

Así que dejo aquí escrita esta promesa de cara a mí mismo: hoy, siete de junio de 2015, me comprometo a dejar de perder el tiempo como lo he hecho hasta ahora, y a empezar a emplearlo en escribir, en aprender, en mejorar. 

Esta entrada empezaba con un tema diferente pero relacionado: la situación en mi trabajo. Estoy muy preocupado y angustiado por todo lo que está pasando (prefiero no entrar en detalles), y respecto a eso sólo puedo intentar evitar que las cosas vayan a peor, y con suerte, ya sea porque logre encontrar otra cosa, o porque ellos me decidan echar,  salir de allí lo antes posible.

miércoles, 8 de abril de 2015

Necesito una salida

Me parece que este año voy a batir el récord de escasez de entradas...

Hace unos dos meses empecé en un trabajo nuevo. Y a través de esta experiencia, finalmente, he confirmado algo que llevaba tiempo fraguándose en mi interior: la enfermería no es lo mío.

A lo mejor dicho así parece una tontería, pero el tema me agobia mucho y ocupa casi la totalidad de mi mente durante las horas que paso en esa residencia de la tercera edad. Unas horas horribles, donde al mismo tiempo me aburro muchísimo y me angustio ante el estrés, la falta de tiempo y la sensación de verme superado por las circunstancias. Parece raro aburrirse al mismo tiempo que uno se estresa, pero ahora sé que es posible.

Es aburrido y a la vez estresante hacer un montón de tareas repetitivas y a menudo desagradables, mientras tratas con un enorme número de pacientes, varios de los cuales te tratan con una actitud degradante. En varios momentos debo hacer un gran esfuerzo para no ponerme a gritarles ante el tono con que me hablan y las cosas que me dicen, mientras llevo a cabo a toda la velocidad posible las mil tareas que hacer. Y a veces no logro controlarme. Ayer mientras trataba de terminar la cura de una paciente, casi a última hora, cansadísimo mental y físicamente y ya casi sin tiempo, la señora no paraba de hacer críticas y correcciones; pon esto así, haz esto, no pongas tanto, pon menos. Mi cara debía ser un poema, y estoy casi seguro de que me puse rojo de la ira y la desesperación.

Pero no sólo es algo de circunstancias externas. El problema también está dentro de mí, y es que simplemente, ahora ya lo veo claro, este no es mi camino. Y el problema es qué voy a hacer entonces. No tengo un plan b, pero de verdad que la idea de seguir así en el futuro me resulta horrible de imaginar, y a ratos, lo voy a decir ya, la idea que me viene a la cabeza es que si esto es lo que me espera durante años, no quiero vivirlo.

El cambio es la única constante en la vida, se dice siempre. Sólo puedo desear con toda mi alma que un cambio laboral llegue cuanto antes.

domingo, 4 de enero de 2015

Esto me propongo...


Como cada año, el cambio de fecha siempre te hace pensar en lo que has hecho ese año, las cosas que has conseguido, las que no, y si estás contento en general o no con cómo han ido las cosas en ese año que termina. Tengo que reconocer que 2014 fue bastante flojo para mí (sí, y para muchísima gente: aún no hemos salido del túnel), y acabé el año con un poco de melancolía, sobre todo a nivel laboral, pues ha sido desastroso y no puedo seguir así mucho más.

A nivel personal, volví con Ikki, y hasta ahora, aunque ha habido momentos de vacilación, no me arrepiento, y estoy contento de tener esta segunda oportunidad. Además, alguno de los propósitos del año  pasado los he logrado cumplir (los he repasado, y la verdad, como mínimo el uno y el dos me los he trabajado mucho, y algo he logrado: ahora hablo más abiertamente del tipo de hombre que me pone, y aunque no sean mis amigos del alma, algún amiguillo nuevo sí he hecho, y quisiera reforzar más esas relaciones nuevas: se trata de ir más allá el amigo-para-un-café). También he conseguido tachar alguna línea de la lista de cosas que quisiera hacer mientras viva. Así que bueno, tampoco tan mal, ¿no?

Aunque como ya digo me sentía melancólico según terminaba 2014, al empezar 2015 he empezado a sentir un nuevo impulso de optimismo y ganas de hacer cosas. Yo soy como una montaña rusa y nunca sé cuando me dará el próximo bajón... Pero en todo caso, aquí van mis propósitos para 2015. ¡Feliz año a todo el mundo!

1. Echarle más constancia a las cosas. A lo largo de este año me he ido haciendo muy consciente (leyendo artículos, entrevistas, de todo) de que el secreto de casi todas las cosas que triunfan o llegan a buen puerto es la constancia, el trabajo día a día. Hay gente que son genios, sí, pero incluso los genios necesitan echarle horas a las cosas que hacen. Yo soy un dejado, un vago y un flojo, y así no llegaré a ninguna parte. Querido Ronan: ponte las pilas y lucha activamente por mejorar. Para lograr un trabajo, para desarrollar tus hobbies y tus habilidades, para aprender cosas nuevas que te serán útiles, para desarrollarte como persona en general. Concéntrate.

2. No dejar siempre todo para después. Muy relacionado con lo anterior.

3. No dedicar tanto rato a Internet, y procurar que gran parte del rato que le dedique sea productivo (aprender, hacer cosas creativas, expresarme en este blog para aclararme las ideas).

4. Aprovechar más el tiempo. Organizarte, planificar.

5. No hacer más amigos tóxicos, sólo buscar a la gente que de verdad te aporta cosas; y minimizar el contacto con los amigos tóxicos que ya están en mi vida.

6. Prueba de constancia. A lo largo de este año, me he propuesto que haré al menos un dibujo (a lápiz, a boli, a tinta: lo que sea) cada día del año, y así comprobaré eso que siempre se dice de que con la práctica se mejora cualquier habilidad.

Ahí queda eso. Vamos allá. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

Amigos tóxicos

Los últimos dos días estuvo de visita una amiga de otra ciudad. Vamos a llamarla Emma.

Ya venía notándolo desde hacía tiempo, pero ayer, tras pasar casi el día entero con ella, se me hizo evidente: no disfruto nada estando con Emma. Me saca de quicio y me agota incluso físicamente.

¿Qué hace Emma? Veamos. Para empezar, nuestros intereses son muy, muy, muy distintos. Yo tengo mucha curiosidad por todo de tipo de cosas, me gusta el cine, leer, informarme de temas variados, ver exposiciones. No es que sea una persona cultísima (en lo que se refiere a política, geografía y economía, por ejemplo, soy un paleto básicamente), pero como digo, tengo bastante curiosidad por casi todo. A Emma no le gusta leer (estábamos en una librería y miraba los libros como quien mira insectos exóticos), no le gusta mucho el cine, ni le gusta el arte en general, y básicamente sólo habla de chicos, de historias de amigas y de trabajo.

Es posible que durante la carrera, aunque yo ya iba notando sus "cosas", el nexo común que suponía estudiar juntos y tener problemas parecidos (los exámenes y demás) nos uniera lo suficiente, pero ahora pasar mucho rato con ella me agota, y siento que es más lo que nos distancia que lo que nos acerca.

Pero lo peor no es eso. Es que a nivel más personal, Emma tiene una actitud "perfeccionista", por llamarla de alguna manera, que me saca de quicio. Copio y pego de una página:

"Una persona que tiene la actitud tóxica del exceso de soberbia es aquella que ejerce el rol de autoridad constante, te corrige incluso cuando no tiene que hacerlo y se comporta como si estuviera en posesión de la verdad. Además, no se permite aprender de los demás y se siente incómoda cuando le llevan la contraria".
Esa es Emma. Constantemente necesita hacerte saber que aunque no viva aquí y haya ido una sola vez a ese sitio, sabe perfectamente el camino y sabría llegar sin ti. Que ya sabe eso que le ibas a explicar. Que eso que has hecho está mal. Que estás equivocado. Que no dijo eso. Que no dijiste eso. Que sí dijiste eso.

Os preguntaréis cómo lo aguanto. La principal razón es que soy un cobarde que siempre quiere agradar, y la segunda es que este tipo de cosas las dice bromeando y sonriendo, y no ha lugar a entrar en discusiones. Pero agota, y mucho, y te obliga a estar en un constante estado de "alerta" para que no te pille en un error, o con cara de distraído y entonces aproveche para "atacar".

Además, al rato de oírla hablar, te das cuenta de que Emma tiene críticas para todo el mundo, especialmente todo el que la contradiga o haga algo que le parezca mal. Estos días se quejaba veladamente de no haber sido invitada a cierta celebración, y en cambio cierta otra persona sí lo fue. Cómo decírselo, pero lo cierto es que adivino la razón: es de esas personas que de manera muy sutil te pueden agriar ligeramente la fiesta. Con una mirada no muy limpia. Con un gesto de velada crítica. Con actitud de dignidad herida que enturbia el ambiente. Esa persona que tras la boda disfruta criticando el menú, o el vestido de la novia, o lo que sea. Incluso si te halaga, de alguna extraña forma te hace sentir culpable (porque notas que bajo el halago hay... envidia).

El caso es que Emma nunca imaginaría que pienso todo esto y me siento así. Pese a todo esto, también tiene evidentemente sus características positivas y en el pasado me ha ayudado, pero si soy sincero conmigo mismo, ya no deseo ser más su amigo. Es una persona tóxica, no soy el primero en notarlo, y me gustaría salir de la red.

Y no sé cómo.

En ocasiones le cuento cosas que subrayan lo diferentes que somos. Trato de ser yo mismo en vez de adaptarme y hablarle de las cosas que me interesan de verdad para que se aburra y se dé cuenta de que no tenemos cosas en común y yo le parezca un rollo. También trato de hacerle ver que no soy ese peluche amoroso en el que ella me ha encasillado y que soy capaz de hacer cosas moralmente "erróneas", que he probado drogas, que he fumado, que he tenido sexo de una noche, que me gusta también la música electrónica ("Uuuuy, ¡pero Ronan, qué te ha pasado que te han cambiado!"). Con la esperanza de que se decepcione y se aleje.

Todo porque no sé cómo hacer eso tan simple que todo el mundo sabe hacer instintivamente de hacer que la gente que no te agrada se aleje de ti. Evidentemente no soy capaz de decirle todo esto que he escrito ahí arriba, y menos cuando nunca le he dado a entender que me siento así, y me parece demasiado brusco decírselo de pronto. ¿Alguien sabe cómo se hace? ¿Algún truco?

lunes, 20 de octubre de 2014

Las brasas también queman


Desde hace unas semanas, he entrado en una racha de encuentros casuales con gente del pasado. Gente que ha sido importante para mía, y otra que no tanto. El hombre con quien tuve mi primera vez (en una ciudad muy lejos de donde él vive), un chico con quien estuve el año pasado durante la época en que Ikki y yo estábamos separados, un compañero de la universidad a quien no veía desde hacía años (¡dos veces en una semana!), la primera chica de quien dije estar enamorado cuando en el instituto necesitaba una coartada (y yo mismo me lo acabé medio creyendo). El plato fuerte vino el otro día: F, la primera persona de quien me enamoré, hace un buen puñado de años.

F fue compañero de clase en un curso que hice. Me llevaba unos quince años y tenía una personalidad arrolladora, siendo a la vez la persona más payasa de la clase y probablemente la más culta e inteligente. Una combinación que me pulverizaba. El caso es que durante un tiempo yo percibí señales por su lado. De hecho todo empezó por su lado: un buen día me hizo un regalo sin venir realmente a cuento. Parecía que pasito a paso íbamos acercándonos a algo... Pero no llegábamos nunca. Finalmente un día cogí el toro por los cuernos y, a costa de unos nervios y una vergüenza terribles, le dije que me gustaba muchísimo. Tener conversaciones "serias" con él era (y es) muy complicado, porque entre su verborrea y su humor a borbotones... En fin, resumiendo la conversación, me dijo que efectivamente se había planteado de verdad algo conmigo, pero tras reflexionarlo, había decidido que la diferencia de edad era demasiada. La cosa quedó en que hablaríamos más, pero fueron pasando los días y nada. Supongo que cegado por lo que sentía, y porque la respuesta no fue totalmente tajante y quedaba un resquicio de posibilidad, volví a tratar de sacar el tema más adelante, hasta que finalmente llegó el no rotundo.

Si alguien que me lee está a tiempo de no cometer el mismo error, sólo quiero decirte que cuando la otra persona no sea clara y pese a lo que te diga te dé largas, nunca jamás insistas. Nunca, nunca, nunca, porque sólo sirve para pegarte una hostia mayor, y un día lo recordarás y te dará tanta vergüenza que querrás meter la cabeza bajo la tierra. Si alguien está de verdad interesado en ti, pondrá los medios.

En fin. Con el tiempo tuve que darme de baja de aquel curso, que duraba varios años, porque aunque manteníamos una relación amistosa y básicamente hacíamos como si aquello jamás hubiese ocurrido, para mí era un suplicio pasar allí esas horas con él. Sentía una ansiedad tremenda cuando tenía que ir a clase, y llegué a tener contracturas y dolores extraños de la pura tensión.

Fast forward a hoy en día. El tiempo y la distancia no sé si lo curarán todo, pero desde luego cambian las cosas, y en diez años da tiempo de que te pase de todo. De pronto se creó un grupo de wasap de la gente de esta clase, y supe de él después de tanto. Se planificó hacer una cena.

Me preguntaba qué me iba a pasar. Ahora no soy el mismo, soy menos inocente en todos los sentidos, he tenido más desengaños, y ahora estoy con Ikki... Por una parte pensaba que vería a F, sentiría simpatía por él y sería bonito verle a él y a los demás, y basta. Por otra, estaba un tanto preocupado y pensaba cosas del tipo de qué impresion le iba a causar yo ahora, lo cual era una mala señal.

La reunión, al final, me dejó una sensación amarga y turbulenta. Sí, parece mentira, diez años después F sigue teniendo la capacidad de trastornarme. Sigue siendo el mismo, yo por lo visto sigo siendo en gran parte el mismo, y me fue de allí como si por dentro llevara un maremoto.

Quizás eso que dicen de que donde hubo llamas quedan rescoldos es cierto, y me temo que tres personas de mi vida, F uno de ellos, pase el tiempo que pase siempre seguirán teniendo la capacidad de reabrirme la herida si algún día volvemos a vernos.

Aunque F me sigue haciendo polvo, a nivel "racional" al menos ahora entiendo claramente que esto no tenía ningún futuro, no exactamente por la diferencia de edad (cuando se quiere, se puede, y existen cientos de parejas así por el mundo), sino porque con alguien que te eclipsa de semejante manera no se puede tener una relación que funcione. Durante la cena, F acaparó gran parte de la conversación; la mayor parte consistió en bromas y bromas a velocidad de ametralladora, y yo, aún tratándose sólo de un pequeño puñado de gente, quedé totalmente en segundo plano. Pero el corazón es tonto, y os mentiría si no os dijera que una pequeña parte de mí volvió a albergar esperanzas ridículas, aunque esté con Ikki y la idea sea estúpida.

Ahora que llevo meses después de haber vuelto con Ikki, voy pasando por fases, y me pregunto si algún día podré estar totalmente en paz, como esos famosos que explican en las entrevistas que todo en su relación es como un rayo de luz sin fisuras. Hay días en que todo es pasión y felicidad, pero hay días en que el aburrimiento vuelve a asomar la cabeza, y también hay días en que determinadas cosas me hacen pensar si mi vida no necesita un profundísimo revulsivo. Y lo dejo aqui porque esto es tema de otra entrada.

sábado, 11 de octubre de 2014

Ya, por favor

Tarde tonta de sábado. Ikki está en su pueblo, y yo aquí, y me siento vacío y sin nada que hacer. Sí, hay algo que debería hacer: ponerme con la maleta.  Mañana me voy a pasar unos días a mi ciudad natal. Donde estará mi familia, mis amigos, gente que contará conmigo para cosas.

Estoy bastante desanimado. Entramos ya en la última parte del año, y un vez más, no he logrado hacer amigos aquí este año. Si entro en detalles, sí, vale, he conocido a gente y con alguna de ellas puedo quedar de vez en cuando. Sin embargo, un amigo de un café o un cine esporádico no me es suficiente.

Está A, que en realidad está en un momento de su vida distinto al mío y se nota (es decir: le llevo unos años) y eso crea una distancia. Está C, que me parece ideal: pensamos de forma parecida, es de mi misma edad, compartimos un buen número de intereses, tenemos un nivel socio cultural virtualmente idéntico. Pero sin embargo, algo hay que nos impide ir más allá, y es que siento que siempre soy soy yo el que propone planes. No creo que C piense que pretendo nada porque es una chica y sabe que tengo novio, pero el caso es que ahí queda ese muro invisible, y llega un punto en que me da vergüenza volver a escribirle yo. Está A2, que es muy buena persona, pero al final es una persona "de barrio", con una forma de pensar y de ser muy distinta, y eso marca una enorme distancia y en muchas ocasiones me ha hecho pasar malos ratos a su lado. Somos de mundos demasiado distintos. Está L, que compartía conmigo su gusto por una serie de televisión y eso parecía que nos uniría más, porque ambos éramos fans a un nivel poco frecuente, y la serie no es muy popular... pero finalmente L tiene su mundo y yo soy sólo un amigo-de-café. Está P, que es un amigo-de-salir-de-marcha. Te avisa dos horas antes, y a menudo como respuesta de un mensaje tuyo, no porque salga de él únicamente.

No sé si me dejo a alguien, pero supongo que ya queda claro. A lo mejor es culpa mía por pedir demasiado, pero yo lo que necesito es a alguien que cuente conmigo de verdad, alguien en quien me pueda apoyar y para quien yo sea igual de importante. Alguien a quien pudiera darle una llave de reserva de mi casa en esta ciudad que no es mía por si pasara algo, alguien a quien pudiera llamar si me pasara cualquier cosa y, pongamos, me ingresaran en el hospital. Aquí en definitiva sólo tengo a Ikki, y cuando Ikki se va a su pueblo, me entra esta angustiosa sensación de soledad y queda claro que "amigos" con todas las letras, aquí no tengo.

A la mente me vienen toda clase de pensamientos. Que quizá cuando se superan los treinta es muy difícil hacer amigos nuevos. Que la culpa es mía porque soy demasiado tímido, o raro, o transmito cualquier cosa negativa. Que simplemente es cuestión de seguir intentándolo hasta que suene la flauta, porque si hasta hoy he ido logrando hacer amigos en cada momento de mi vida, ¿por qué ahora no iba a poder?

Por otro lado, ocurren cosas que me desesperan. Recientemente empecé el curso en una nueva clase de idiomas donde esperaba conocer a gente de gustos parecidos... y me encuentro con que mis compis son en un 90% adolescentes o poco menos. Qué desesperación me entró al verlo. La anterior vez que me matriculé en una clase, tuve UN SÓLO compañero, un padre de familia de cincuenta y pico. Un señor muy simpático, pero evidentemente no mi futuro amigo. Ahora, un MONTÓN de compañeros, pero prácticamente todos unos diecisésis años más jóvenes. Joder, parece broma. En fin. Quizás tenga suerte con las dos o tres compis de edades más parecidas.

Hace unos años viví en otra ciudad, y también lo pasé mal para conocer a gente. En realidad aquello fue aún peor, porque sumado a lo otro, tuve dos "desengaños" amorosos y bueno, pocas cosas peores que verte solo, sin familia, sin amigos y con el corazón roto. El caso es que aproximadamente al año y medio probé suerte yendo a una especie de ONG, y allí de pronto todo vino rodado: conocí a dos amigos que se convirtieron en mi "familia", y además de la relación muy cercana con ellos dos, a otro puñado de gente relacionada con ellos con la que si bien no tenía tanta confianza, contaban también conmigo para salir, cenar y cosas así. Fue de rebote con toda esta gente que conocí a Ikki, por cierto, así que ya veis hasta qué punto la cosa salió bien. ¿Fue un golpe de suerte espectacular, o puedo aspirar a que eso se repita?

No quiero seguir así otro año más. Si es por fallo mío quisiera saber qué hago mal para corregirlo ya, y si es una cuestión de suerte, necesito que cambie ya, por favor.

miércoles, 16 de julio de 2014

Atravesar

Hace un par de semanas encontré trabajo.

Estar en paro es desesperante, y en ocasiones te hace caer en bajones y sentirte un inútil sin propósito en la vida.

Pero tener un trabajo que no te gusta nada y que sientes que te aplasta bajo su dificultad y su dureza es terrible también. En esas estoy.

En una de esas fases de la vida en la que mi pensamiento más recurrente es "por favor, que se termine todo esto ya". No voy a entrar en detalles, pero trabajo en un sitio con un grado de burocracia demencial y unas dimensiones inabarcables y agotadoras (es decir: media docena de plantas que subir y bajar permanentemente durante horas, corriendo mientras tratas desesperadamente de ajustarte al horario y rezas porque ningún imprevisto te lo haga imposible). En mi anterior trabajo me desesperaba porque me aburría y sentía que no avanzaba. En este es más una desesperación tipo "nudo en el pecho" por la ansiedad de sentir que no llegas.

Esto me ha llevado a empezar a preocuparme por mi futuro. Sé muy bien lo que no quiero: no quiero esto. No quiero este tipo de trabajo. Quiero un trabajo que no me haga daño física o psicológicamente. A lo mejor pido mucho, y esa es mi cruz, ser un insatisfecho crónico, pero nunca antes he sentido tan intensamente que no puedo quedarme en este sitio para siempre, ni siquiera para muchos meses. Y entonces, ¿qué hago? Os parecerá ridículo, pero con el paso del tiempo más y más voy envidinado a la gente que o bien es millonaria por herencia o lo que sea y se dedica a lo que le dé la gana, o bien que tiene la suerte de trabajar en trabajos "bonitos" y/o creativos. Actores, cantantes, guionistas, redactores de páginas de cultura friki, fotógrafos. Sí, sí, lo sé, todos los trabajos tienen sus pegas y su parte mala, pero por mucho que digamos es incomparable ser Beyoncé y ser un minero. Es indiscutible que hay trabajos y trabajos. La enfermería puede ser por momentos muy bonita, pero cuando se ejerce a toda prisa, con ansiedad y pensando en mil cosas burocráticas que no tienen nada que ver con ella, no lo es.

Me siento atrapado, no sé qué voy a hacer con mi futuro, y sólo sé que no soporto la idea de que esto sea mi vida para siempre.