miércoles, 1 de enero de 2014

La batalla de este año


Así a bote pronto tengo la impresión de que este es el primer año que escribo la tradicional entrada de propósitos para año nuevo el mismo dia uno. Aún no he revisado la del año anterior (sólo recuerdo que puse que quería aprender a silbar fuerte con los dedos, y al recordarlo me parece que fue hace unos pocos meses, seis como mucho, dios mío). No logré ese propósito, pero lo increíble es lo rapidísimo que se me ha pasado este año. Dicen que eso es sinónimo de haberlo pasado bien, pero de verdad puedo prometer que no es el caso. Sólo por cambiar de fecha no creo que vaya a salir automáticamente de la oscuridad que he vivido este año, pero en fin, uno se consuela pensando este tipo de cosas.
Un año está lleno de momentos buenos y malos, y en realidad tratar de resumirlo y etiquetarlo con un sólo adjetivo quizás es demasiado. Sin embargo, nunca como este año he sentido en el mundo en general y en mí mismo en particular tantas ganas de cambiar de cifra... Pero para eso precisamente están los propósitos. Para dejar de lloriquear y tomar cartas en el asunto. Para responsabilizarnos de todo lo que sí depende de nosotros. Fin del rollo, allá va mi lista de propósitos. Una vez más vamos a intentar que estos doce meses cuenten:

1. Salir del segundo armario Sí, el que yo sea gay en la gran mayoría de los ámbitos, siendo sinceros, ya da igual. No me rodea gente ultraconservadora. Pero he aquí el segundo armario: el tipo de hombre que me gusta rompe las expectativas de muchos. Me gustan gorditos, me gustan con pelo, me gustan maduros, me gustan sencillotes que tienen un halo de normalidad, me gustan los no-guapos. No los voy a llamar feos porque el adejetivo se usa muy alegremente y no lo comparto casi nunca, pero sí os cuento una cosa: los hombres calificados como oficialmente guapos me dejan frío. Los Míster, los actores guaperas, los modelos me atraen prácticamente igual de poco o nada que las chicas. Pues esta confesión que pongo aquí, en público me cuesta horrores hacerla. Porque me da miedo que la gente crea que soy un perturbado, un raro, un asqueroso. Pues este es el reto: hablar abiertamente de quién me gusta y quién no, y actuar en consecuencia. Descansa en paz, James Gandolfini.

2. Hacer amigos en la ciudad donde resido. Gran e importane reto. Esto no puede continuar así. Sí, es difícil cuando se es tímido, cuando no estás ya en el cole o en la universidad. Pues por ser difícil precisamente es que hay que ponerle más empeño.

3. Simplemente dí que sí. Sí a los planes, sí a las propuesas que te dan miedo o incluso pánico, sí a salirte de lo seguro, sí a ese plan en el que no sabes si encajarás. Sí, sí, sí. Sólo los sí te llevan a sitios.

4. Deja de dejarlo todo para luego. Seguro que si me pogo a revisar el blog esto me lo he propueso ya mil veces. Bueno, ya sabes por experiencia la de problemas que trae procrastinar, la de dinero, tiempo y oportunidades que pierdes, la gente a la que ofendes, las mil cosas negativas que se derivan de hacer las cosas mal y tarde. Esta, aunque es algo muy incrustado en mí, comparativamente es fácil.

5. Aprender a reconocer los caprichos tontos y diferenciarlos de lo que es necesario. ¿De verdad necesito ese objeto? ¿Me hace falta esa ropa? ¿Vale la pena ver esa peli? All you need is now, dice una canción. El consumismo tonto, al final, no llena ningún hueco, y más tarde puedes darte cuenta de que ese dinero quizás habría sido mejor emplearlo en algo necesario de verdad.

6. La más difícil y abstracta. Tengo que intentar aprender a mirar dentro de mí y llegar a la verdad. Estas dudas permanentes sobre lo que deseo son terribles y casi no me dejan vivir.

Hale, allá va. Quedan muchas lágrimas por delante, inevitables e imprescindibles. Y con suerte, después, sonrisas.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Este era el peligro...

El pasado sábado tuve un lío de una noche con uno.
Quizás esto parece contradictorio con la situación de ultimátum de Ikki: si quiero volver o no. Cuando acabe la navidad.
Seguramente en realidad estoy intentando justificarme, pero sí pienso que puestos a decidir algo tan importante tengo que hacer de todo. Antes de dar el paso, estar con más gente y ver si de verdad quiero...

En fin, me veo divagar y escribir y francamente no sé a dónde quiero llegar. Ikki también ha aprovechado esta ruptura/tiempo muerto para liarse con otros durante estos meses, pero él por lo que se ve ya tomó una decisión, y quiere volver simplemente.

Yo, a base de emplear esta libertad estos meses, he llegado a esto que me pasó el sábado. Pues nada, nos conocimos en el chat y quedamos. La conversación por chat fue bastante más simpática y graciosilla de lo habitual (en ocasiones parece que chateas con un robot, de tan frío y mecánico que es todo con algunos). El hombre en cuestión me dio buenas vibraciones.

Y bueno, fuimos a su casa. A lo largo de este medio año experimentador, me he quitado casi por completo la carga de San Ronan que llevaba, y pensaba que era bastante capaz de tener sexo casi-anónimo, disfrutarlo, y seguir tranquilamente con ese puntito de autoestima extra que te da el sentirte deseado.

Bueno, pues la cosa esta vez se torció. Por alguna razón, el hombre esta vez me intimidó bastante, y aunque finalmente disfruté del rato, no estuve tan relajado como habría querido. Me fui a dormir, pensando si me escribiría poco después. Hasta ahora siempre habia sido así... un rato, unas horas, un día después, los hombres en cuestión me habían escrito un mensajillo para decirme lo bien que había estado y si querria repetir. Y ese mensaje del día después era como una droga. Otro masaje a la autoestima. Sentirte un poco más "humanizado" y menos objeto. Pensar que al otro le habías gustado lo bastante para querer más.

Pues nada de eso esta vez.

Al llegar la noche del día siguiente, no pude más y le envié un email (sólo tenemos los emails como forma de contacto). Me contuve: un email muy breve, dicéndole que me había parecido simpático y atractivo y que si quisiera repetir... Y hasta hoy no he sabido nada. Y siendo realista, a estas alturas ya parece claro que no voy a saber nada más....

Y os parecerá una estupidez, pero el hecho es que el tema me tiene mal. Compruebo el correo mil veces al día, tengo miles de pequeños bajones cada vez que veo que nada, y hoy miércoles sigo luchando con el impulso de escribirle otra vez y decirle que por favor al menos me responda algo. Que prefiere no repetir, que tiene novio (esta es la idea que se me ha metido en la cabeza, por un par de pistas que tengo), que en realidad aquello fue un error y no le gusta el sexo esporádico. Lo que sea, pero saber algo :(

Estoy constantemente repitiendo mentalmente el rato que pasamos, y tratando de deducir sus pensamientos. Pareció gustarle. Me sonreía mucho, con una sonrisa muy cálida. Dijo cosas bonitas de mi cuerpo. Me preguntó un poco por mi vida. Al acabar no fue brusco en echarme corriendo. Me dijo que no cogiera frío. Me dijo que teníamos los correos (para volver a quedar, se sobreentiende).También es verdad que durante el sexo parecía evitar besarme y hacía cosas como morder los labios en lugar de eso...

Y en fin, no sé...

Parecerá ridículo, pero con ninguno hasta ahora me había pasado sentirme así de desestabilizado. Me da miedo decir que me ha gustado de verdad, porque fue todo muy rápido y para qué negarlo, superficial, pero la verdad, me gustaría volver a verle, y si fuera sólo para tomar un café también. Me siento como si por dentro me hubiese quedado a falta de algo.

Es posible que todo esto sea simplemente que soy profundamente dependiente e inseguro, y necesito como una droga la aprobación y el aprecio, y no es que tenga ninguna clase de principio de sentimientos reales hacia este hombre ni nada así. Pero sea lo que sea, me paso el día pensando en él. Y en si me lo cruzaré por la calle, y cosas así.

Al embarcarme en esto, la opinión de Ikki había sido que yo no sé separar el sexo de los sentimientos, y quizás esto es la prueba. No puedo tomármelo como un desahogo y hala, la vida sigue. El peligro de tener relaciones esporádicas es que iba a llegar el día en que me sintiera vacío, que necesitaba más.

Y a todas estas, la semana próxima me marcho muy lejos, a mi ciudad, y a la vuelta, toca decirle a Ikki sí o no.

domingo, 8 de diciembre de 2013

El fantasma que flota por la ciudad

Antes de nada una nota de continuidad, por si existe alguien que aún lee este blog: finalmente lo del mechón salió mal. No sé si la peluquera eligió el tono de azul más desvaído de la historia o es que mi pelo es demasiado negro como para tolerar ningún cambio ni decoloración ni nada. En fin: después del último corte de pelo, me queda una pequeña brizna grisácea-azulada y unas pequeñas puntitas doradas. Una absurdez.

Y ahora al trapo: Ikki me ha puesto un ultimátum. Después de la Navidad, debo decididir si volvemos de verdad o rompemos de verdad. Cuando me lo dijo sentí una oleada de vergúenza de mí mismo. Después de haberle hecho pasar por una ruptura, le he forzado con mi comportamiento (sí, vale, fue una decisión mutua, pero yo tenía la responsabilidad de parar) a plantarme las cartas sobre la mesa.

Los días se van consumiendo, y yo siempre perdido en divagaciones que no me llevan a una decisión. A ratos me llega una imagen de él, no exactamente un recuerdo de algo concreto, sino algo relacionado con la relación que tenemos-teníamos. Una pelea en plan juguetón, la imagen de él feliz con algo y la cara que se le pone, sus ojos grandes mirándome. Y en esos momentos casi pienso coger sobre la marcha el teléfono y decirle: no hay que esperar más, Ikkito, la respuesta es que sí. Y volver a ser feliz con mi mejor amigo siempre a mi lado para compartirlo todo.

Y luego vienen esos otros momentos en los que recuerdo la monotonía. Y la sensación de electricidad cuando Diego, un hombre con el que coincidía en mi antiguo trabajo que me atraía mucho, me hacía cualquier broma simpática o me agarraba el brazo, o incluso alguna vez me lo pasó por encima del hombro. Ese chispazo, esa oleada de calor, esa euforia. Eso incomparable a nada más. Diego (nombre figurado) era casi probablemente heterosexual, y las pequeñas pistas a las que me aferraba sin duda eran pequeños clavos ardiendo y no significaban nada especial. Un hombre simpático que cuando está de buenas te trata con cierta calidez. Fin de la historia.

Hace poco (si tengo que tomar esta decisión tan grande, más me vale quemar todos los cartuchos ahora mientras tenga tiempo, decidí), llamé a Diego, un poco por ver qué pasaba. Me dió su teléfono la primera vez que acabé mi contrato en aquel sitio, "por si alguna vez necesitaba algo". Pero se trataba de un hombre que me saca un par de décadas, y no fui capaz de usar su teléfono para proponerle una cerveza o algo así, así que nunca lo usé hasta el otro día. Quería ver qué pasaba. ¿Se alegraría de oirme? ¿Se pondría nervioso? ¿Tendría él mi número guardado? ¿Desembocaría la llamada en quedar a tomar algo?

No pasó nada, básicamente. Tuvimos una charla de esto y lo otro, qué tal la búsqueda de empleo, qué tal su trabajo. Bueno, pues venga, cuídate. No noté ninguna inflexión rara en su voz, de especial alegría o lo que fuera. Fue una charla agradable.

La verdad, desde hace mucho tiempo tengo la idea de que el tipo de hombre que me provoca esta electricidad y todo esto, por sus mismas características, es un hombre que:

a) es hetero, porque lamentablemente esa campechanidad, esa afabilidad, esa falta de afectación, ese humor socarrón pero bienintencionado, son cualidades por lo que sea escasísimas en la población gay

b) es gay, pero está fuera de mi liga (no sé si en español la expresión existe, pero me parece tan gráfica). Los hombres gays con esas características simplemente no se sienten atraídos por uno como yo, o el intento de relación se frustra por la falta de más nexos de unión. Véanse los dolorosos casos de Ulises y Damián años atrás (¡diez, casi!).

Pero llega un punto en que uno más vale que se deje de tonterias y deje de aspirar a ese arquetipo del Mr Perfecto y demás, y se centre en los Mister Muy-Bueno, que es algo accesible. ¿Esto es conformarse o elegir la vida? (Como decían en aquella película japonesa: "Al final decidí elegir el mundo".)

No hay una respuesta, me temo. Hay miles. Hay tantas como personas. Tengo que reconocer que la mayoría por ahora es "yo si fuera tú volvería, no pienses en lo que pueda o no pasar".

No sé.

Esto sería ya para otra entrada, pero mientras, ando por el mundo y por mi piso compartido como un fantasma. Despegado del mundo, pero tratando de entrar en él, tratando de conocer a gente que me haga sentir que pertenezco a este sitio de alguna manera, que pinto algo aquí. Ahora mismo no pinto nada, simple y llanamente. No sabéis la rabia y el desánimo que me da cuando pienso que hace meses, al dejar a Ikki, una de los cosas que me ilusionaba era conocer a gente nueva y sentir que formaba vínculos más fuertes con esta ciudad ("ya verás, cuando te quedas soltero te salen planes por todas partes, y no paras, y eso te viene bien"). Pues no ha sido así. Sólo conozco a gente de maneras superficiales, confirmo que la gente más parecida teóricamente a ser mi amiga en realidad casi nunca están ahí y es una relación superficial y tenue, voy botando y rebotando por ahí y coincidiendo con gente prometedora que desaparece, y conociendo a gente que sí está interesada pero que hacen saltar alarmas de peligro...

Y llega un punto en que no puedes evitar pensar si este aparente muro de cristal es culpa mía, que soy defectuoso y los amigos que hice en el pasado fueron un milagro, o si es que es casualidad, o es que no es fácil y lo tengo que seguir intentando una y otra vez. Si vuelvo con Ikki, querría que no fuera porque he fracasado intentando entrar en el mundo que me rodea.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Azul

Esta mañana decidí tachar de la lista otra de las cosas que tenía “pendientes”. La lista es una serie de cosas que me gustaría hacer en mi vida. Son cosas de todo tipo: algunas bastante tontas objetivamente, otras seguramente compartidas con mucha gente, y alguna, bueno, un tanto controvertida... el tipo de cosas que le cuentas a muy poca gente.

Una de estas cosas que pueden calificarse de “tontería” era teñirme el pelo de algún color especial. Bueno, no me he teñido todo el pelo, no me he atrevido a llegar tan lejos (aunque la peluquera me animaba), pero sí un mechón que con el paso de los días, según se vaya aclarando, se notará más y más, y espero, quedará bonito porque es mi color favorito.

En realidad esto que parece absurdez tiene mucho sentido para mi. A ver si lo sé explicar. En realidad es algo que comparten varias cosas de la lista. Esto es una especie de prueba. ¿Soy capaz de hacer esto, que se supone que alguien como yo no hace? Alguien como yo supuestamente hace las cosas correctas, sigue la línea trazada: estudia, trabaja, lleva ropa convencional no muy llamativa, no corre riesgos innecesarios, no llama la atención ni hace cosas extravagantes.

En realidad tengo que admitir que, la verdad, no me he arriesgado tanto: ahora que vivo en esta ciudad grande y estoy en paro, digamos que no debo pedirle cuentas a nadie. Aquí no me va a ver mi familia, el mayor juicio al que me expongo es al de los extraños de la calle, y quizás algún conocido o amigo que no tiene ese poder de presión que sí tiene tu jefe o tu familia.

En fin, os parecerá un tontería y quizá penséis que se me está yendo la cabeza, pero el caso es que lo hice. Y la tontería de entrar en la peluquería y explicar lo que deseaba ya fue un pequeño-gran reto, una barrera a superar. Pues ya está. Hecho. 

Al salir de la peluquería, la calle estaba vacía. Y tras dar unos pasos, me crucé con una persona. Ni más ni menos... que el protagonista de otro de los puntos de mi lista de deseos.

Dicho punto consistía en liarme con un hombre casado.

Tengo que decir que en primer lugar, taché ese objetivo de la lista sin enterarme de que lo estaba haciendo. Es decir: que me enteré de que estaba casado a posteriori, una vez ya había estado con él. La verdad, la sensación no fue agradable, y al final preferí que no nos viéramos más.

No creo mucho en el destino ni en que las cosas ocurran por un motivo (porque si vamos por ahí, habría que buscarle el sentido a un montón de cosas horrorosas que le pasan a la gente día tras día, y no puedo aceptar que eso sea “por una razón”). Pero tampoco voy a mentir, esto que me ha pasado me ha parecido una coincidencia espectacular, más cuando hablamos de una ciudad de millones de habitantes... si es una especie de mensaje, no entiendo aún lo que quiere decir.

Pero he querido dejarlo escrito. Por si algún día lo llego a entender...

sábado, 31 de agosto de 2013

Bloqueado

Y así va terminando uno de los veranos más raros, aventureros, confusos, tristes y melancólicos de mi vida.

No he sacado nada en claro.

Cuando me planteaba dejar a Ikki, en los días buenos, me venían a la mente un montón de pensamientos. Trataría de convertirme en alguien más seguro de sí mismo. Trataría de usar esa “libertad” de no estar atado a nadie para hacer todas esas cosas que no había podido hacer. Quizás me buscaría la vida en otro país. Quizás viajaría por fin a Japón. Experimentaría, y trataría de disfrutar por fin, del sexo sin compromiso.

Bueno, de todas estas cosas de aquí arriba sólo he llevado a cabo algunas. Sí, lo del sexo sí lo he hecho, y bueno, la verdad ha salido bastante bien. Ahora sé que, sin ser la bomba, tengo mi atractivo al menos para determinada gente, y si me pongo a tiro, los hay que se interesan por mí. Quizá esto os parece una tontería, pero cuando durante mucho tiempo te has sentido invisible, es un chute de autoestima sentir que provocas deseo. Un chico me dijo incluso que yo era, entre otras cosas, “morboso”, y es uno de los halagos más inesperados y agradables que me han dicho en la vida. También ha sido agradable descubrir que el sexo, que en su momento me asustaba bastante, ya no me da miedo, y soy capaz de disfrutar de él sin ningún problema. Lo único que ahora lamento es no haber adquirido esta confianza hace mucho tiempo, porque quién sabe lo distintas que habrían sido algunas cosas... Pero bueno, en resumen, en lo que a sexo y sensualidad se refiere, punto para mí.

En casi todo lo demás básicamente voy muy mal. Encontrar follamigos es facilito. Encontrar amigos a secas, eso es otra historia. Desde que rompí con Ikki he experimentado mucha soledad, y he tratado de romper el círculo de varias maneras, hasta ahora para nada. Me he apuntado a cursos y cosas, pero en fin, no es tan fácil encontrar gente verdaderamente afín y pasar de ser compañeros a amigos de verdad. Conocía a una chica de un trabajo anterior que desde el principio me cogió mucho aprecio y siempre teníamos pendiente quedar, así que traté de afianzar esa amistad. 

Fallo garrafal. Entrar en detalles sería un rollo, pero en resumen la chica es de las que pierden el control cuando beben, tiene un carácter totalmente incompatible con el mío, y las pocas veces que hemos quedado la cosa ha acabado en situaciones horribles e incómodas. A veces me siento como una de esas pelis en que el chico busca novia, y a continuación te ponen un divertido montaje en el que te presentan una novia horrorosa tras otra, acompañado de una música graciosa. Así es mi búsqueda, pero sin música graciosa y en tiempo real.

El último intento ocurrió esta semana, con una chica que conocí en un viaje en coche, y bueno, no me atrevo a hacer predicciones porque nunca sabes, pero la verdad es que en esta ocasión lo que nos llevó a conservar los teléfonos y volver a quedar fue una inesperada afición (un fanatismo) común por una serie de la tele de hace unos años, y la verdad, después de estar un buen rato con ella en una cafetería hablando y hablando, en esta ocasión SÍ sentí que con esta chica me entiendo y que estamos en una longitud de onda parecida. Vamos a cruzar los dedos...

Y dejando el tema social de lado, está el Tema Central de Este Verano: Ikki.

A ratos pienso en pedirle que volvamos. Lo sé, soy cansino y repetitivo. Es que esto es lo que pasa por mi mente constantemente.

Es un bucle constante, un círculo vicioso al que no le encuentro salida. Por un lado, tengo miedo de querer volver por sentirme solo. No porque quiera estar con él, sino por no querer estar solo. Y quizás, en unos meses, volver a sentirme cansado y ahogado por la monotonía y desear volver a romper. ¿Os imagináis que le pido a Ikki volver y pasados unos meses le vuelvo a decir que quiero romper? ¿Volver a hacerle daño y pisotear sus sentimientos? Sería para abofetearme, para escupirme en la cara y para odiarme para toda la vida.

Por otro lado, tengo miedo de estar perdiendo a la persona de mi vida. El que me conoce como nadie, con el que tengo una confianza total, el que comparte conmigo tantas bromas privadas y tantas pequeñas historias que tanto cuestan explicar a terceras personas. De quien me fío al cien por cien. En quien me podré apoyar siempre. Con quien el sexo en general funciona muy bien y quien es una de las personas a las que más quiero en mi vida. Dicho así suena todo muy claro, pero no dejan de estar ahí las causas que me llevaron a romper.

Me sentía aburrido. Me sentía plano. Empezaba a fijarme demasiado en un tío (con el que realistamente no podría tener una relación estable, empezando por la probable orientación sexual incompatible y continuando por la excesiva disparidad de edad y cultura). Sentía a Ikki como mi mejor amigo, para bien y para mal.

Recientemente, a través de la página donde encuentro a los follamigos, encontré el perfil de un chico que me causó buena impresión. Especialmente buena: así, a bote pronto, me pareció que este chico quizás podría gustarme en serio. Y entonces me surge el dilema. ¿Soy capaz ya de buscar una relación en serio? ¿De verdad soy capaz de cerrar la puerta de Ikki? ¿Quiero cerrar la puerta de Ikki?

¿Quiero cerrar la puerta de Ikki?

¿Debería quedar con ese chico y ver qué ocurre, cómo me siento? ¿Y si al hacerlo cierro para siempre la puerta a Ikki?

Repito mil veces lo de la puerta porque es lo que más me agobia de todo. Me agobia hacer daño a Ikki. Quizás él ya no quiera volver o quizás sí, pero lo que es seguro es que aunque yo no le haya dicho nada directamente, sí le he enviado un montón de señales no verbales confusas (exactamente igual de confusas que yo).

De verdad que no sé lo que hacer y me siento totalmente bloqueado.

lunes, 29 de julio de 2013

De dónde vengo, a dónde voy, qué c--- estoy haciendo

Hace unos días explicaba que Ikki me dijo que él (o una parte de él) iba a estar ahí siempre, pero que yo debía seguir adelante y buscar a otros...

Él lo hacía. Desde el principio me dijo que no sería una monja, y desde luego nadie podría exigirle semejante cosa, aunque luego cada vez que yo lo he sabido, de una manera u otra, me he sentido fatal.

Por otra parte, me pregunto el sentido exacto de lo que dijo. ¿Quizás quiere que me "desfogue" y una vez pasada esa fase pueda volver con él? ¿O lo dijo en el sentido de que estemos así para siempre, que siempre podremos ser follamigos pero que no me centre en él exclusivamente? Igual tendría que haberle preguntado, pero aquel no era el momento, y para qué os voy a engañar, me da mucho miedo hablar con claridad con él.

El caso es que de una manera o de otra decidí dar el paso, y entrar en ese mundo en el que apenas antes había dado algún paso: el de las relaciones de una noche (o de un mediodía o una tarde...). Todo empezó bastante bien.

Pero poco a poco la sensación que tengo es que nado en la parte de la piscina donde no hago pie.

Entrando en ese mundo, es importantísimo ser muy claro y no engañarse ni llevar a engaños. He intentado serlo, pero finalmente he terminado metiéndome en una situación complicada. Por un lado está A, con el que todo salió muy bien, es evidentemente experimentado en ese terreno y en principio nada de malo. Pero recientemente me dijo que quería repetir, y ya de eso no estaba yo tan seguro. ¿Y cómo se lo dices?
Con B desde el principio no me pareció el tipo de persona que quiere algo así. Se lo expliqué, y me dijo que sí, que vale, pero luego su forma de hablar (de wasapear), no me da a entender eso. Parece una persona sensible y cuidadosa, y no, no me parece lo adecuado :(

Y con el tercero la cosa se ha ido más aún de las manos. Aún no nos hemos conocido en persona por la circunstancia de que ni él ni yo estábamos en la ciudad habitual, pero hemos... hablado un montón. En ese hablar un montón ha habido tanto "pornoconversaciones", como las llamamos, y que no puedo negar que he disfrutado mucho, como cosas más del día a día, y la consecuencia es que con Arturo, vamos a llamarle, se empieza a ir también la cosa de las manos.

Arturo tiene increíbles parecidos con Ikki que me hacen preguntarme si esto es una especie de mensaje del destino que no llego a entender, y parece una persona simpática y cariñosa, muy cariñosa. Y aunque sea todo a nivel "virtual", parece que está sintiendo más de la cuenta. No puedo decir que no lo entienda porque he estado ahí, y en su momento viví uno de los enamoramientos más intensos y dolorosos de mi vida... casi al cien por cien (menos dos findes) por internet. Yo trato de recordarle a Arturo periódicamente el estado en el que estoy y lo que puedo y no puedo dar ahora mismo.

Y me da la sensación de estar pisoteando un jardín. De ser un cabrón.

Y alrededor Ikki, y yo sintiéndome totalmente perdido y con un nudo en el estómago.

jueves, 18 de julio de 2013

Las verdaderas opiniones

Sí, a ratos me planteo pedirle a Ikki que volvamos. Lo siento por ser tan pesado y contradictorio. La verdad es que el grado de confianza, conocimiento mutuo y afecto (vamos a llamarlo así, "afecto") que teníamos es casi un milagro, algo que no ocurre todos los días. No ocurre casi nunca.

Desde que rompí con él hemos tenido sexo un montón de veces (al principio llevaba la cuenta, pero la perdí). Y no me lo explico, la verdad, porque en teoría una de las razones para romper era que el sexo con él ya no me apetecía mucho. Además, tengo que decir que de estas veces, en muchas ocasiones el sexo ha sido fantástico, increíble. Si trato de razonarlo, sólo se me ocurre que soy un insatisfecho crónico que sólo desea lo que no tiene, y que ahora, al saber (dolorosamente) que él ya es libre y se acuesta con otros, de repente siento que se me escapa, que ya no le puedo dar por sentado. Pero entonces, si volviera con él, ¿volvería a sentir la falta de chispa que me llevó a romper con él? Es un círculo vicioso.

Ahora que hemos roto, se ha abierto la caja de pandora y no paro de descubrir cosas. Recientemente mi amiga Aisha me revelaba lo que opinaba una amiga suya con la que compartimos un día en el zoológico. Tengo que decir que guardo de ese día un recuerdo precioso, de un día totalmente feliz: el que entonces era mi novio, mi mejor amiga, una amiga suya que me cae muy bien y yo juntos viendo cosas interesantes, completamente a gusto, a mis anchas. Pues el caso es que ahora que Ikki y yo hemos roto, Aisha me revela que tanto su amiga como el novio de esta (que Ikki conoció otro día), se formaron una opinión horrible de él y de nuestra relación. Él les pareció pedante, "de pueblo" y muy dominante sobre mí. A la chica le parecía que me "anulaba" (y ya son dos personas sin ninguna relación entre sí que usan esa palabra), que no era igual delante de él que sin él, que cuando iba a hablar me interrumpía y ya luego no podía retomar el tema (al parecer durante la comida incluso dejé de hablar finalmente).

A veces es increíble cómo son vistas las cosas desde el ángulo de otra persona. Os juro que pensé que a esta chica Ikki le cayó muy bien y que el recuerdo que tengo de aquel día es que estuve totalmente a gusto y lo pasé muy bien con ellos. Pero fíjate si la chica tiene una opinión firme sobre el tema que le insistió a mi amiga en que me trasladara su opinión, ya que no querría que volviera con él.

En fin, para ser sincero estas opiniones negativas me las tomo con bastantes reservas. Es muy posible que Ikki me "anule" en cierto modo, y más sabiendo que yo soy una persona muy fácilmente anulable, que estoy constantemente pendiente de agradar y no decir cosas que ofendan. Cuando hablo para un grupo, a menudo siento inseguridad respecto a mí mismo y lo que voy a decir, el típico pensamiento de "esto que voy a decir ahora quizás les parecerá una tontería, van a pensar que soy poco inteligente, o raro, o ambas cosas". Y eso provoca que muchas veces el que alguien me interrumpa sea la estocada final.

Si alguien te interrumpe y tienes que retomar lo que ibas a decir, la expectación aumenta. Y si te interrumpen dos o tres veces entonces ya ni te digo, porque la gente se ríe, te mira fijamente y te anima a que intentes una vez más decir eso que pretendes. Y entonces la sensación de que eres tonto y "pequeño" y lo que vas a decir es una estupidez que no merece tanta atención, ya sube a niveles estratosféricos.

Así que como digo, aunque me impacta escuchar estas opiniones, no me ayudan mucho a tomar una decisión, ya que en definitiva yo también sé que si en algunas cosas Ikki me anula, en otras me "intensifica". Con él me puedo sentir absolutamente yo mismo, puedo explicar todas mis opiniones e ideas más polémicas o raras y puedo sentir que me entiende. Con él he podido sentirme como una persona completamente normal, y eso es algo que casi nadie más me provoca.

Así que aquí seguimos, en la casilla de "te quedas en la cárcel un turno más".