Me parece que este año voy a batir el récord de escasez de entradas...
Hace unos dos meses empecé en un trabajo nuevo. Y a través de esta experiencia, finalmente, he confirmado algo que llevaba tiempo fraguándose en mi interior: la enfermería no es lo mío.
A lo mejor dicho así parece una tontería, pero el tema me agobia mucho y ocupa casi la totalidad de mi mente durante las horas que paso en esa residencia de la tercera edad. Unas horas horribles, donde al mismo tiempo me aburro muchísimo y me angustio ante el estrés, la falta de tiempo y la sensación de verme superado por las circunstancias. Parece raro aburrirse al mismo tiempo que uno se estresa, pero ahora sé que es posible.
Es aburrido y a la vez estresante hacer un montón de tareas repetitivas y a menudo desagradables, mientras tratas con un enorme número de pacientes, varios de los cuales te tratan con una actitud degradante. En varios momentos debo hacer un gran esfuerzo para no ponerme a gritarles ante el tono con que me hablan y las cosas que me dicen, mientras llevo a cabo a toda la velocidad posible las mil tareas que hacer. Y a veces no logro controlarme. Ayer mientras trataba de terminar la cura de una paciente, casi a última hora, cansadísimo mental y físicamente y ya casi sin tiempo, la señora no paraba de hacer críticas y correcciones; pon esto así, haz esto, no pongas tanto, pon menos. Mi cara debía ser un poema, y estoy casi seguro de que me puse rojo de la ira y la desesperación.
Pero no sólo es algo de circunstancias externas. El problema también está dentro de mí, y es que simplemente, ahora ya lo veo claro, este no es mi camino. Y el problema es qué voy a hacer entonces. No tengo un plan b, pero de verdad que la idea de seguir así en el futuro me resulta horrible de imaginar, y a ratos, lo voy a decir ya, la idea que me viene a la cabeza es que si esto es lo que me espera durante años, no quiero vivirlo.
El cambio es la única constante en la vida, se dice siempre. Sólo puedo desear con toda mi alma que un cambio laboral llegue cuanto antes.
miércoles, 8 de abril de 2015
domingo, 4 de enero de 2015
Esto me propongo...
Como cada año, el cambio de fecha siempre te hace pensar en lo que has hecho ese año, las cosas que has conseguido, las que no, y si estás contento en general o no con cómo han ido las cosas en ese año que termina. Tengo que reconocer que 2014 fue bastante flojo para mí (sí, y para muchísima gente: aún no hemos salido del túnel), y acabé el año con un poco de melancolía, sobre todo a nivel laboral, pues ha sido desastroso y no puedo seguir así mucho más.
A nivel personal, volví con Ikki, y hasta ahora, aunque ha habido momentos de vacilación, no me arrepiento, y estoy contento de tener esta segunda oportunidad. Además, alguno de los propósitos del año pasado los he logrado cumplir (los he repasado, y la verdad, como mínimo el uno y el dos me los he trabajado mucho, y algo he logrado: ahora hablo más abiertamente del tipo de hombre que me pone, y aunque no sean mis amigos del alma, algún amiguillo nuevo sí he hecho, y quisiera reforzar más esas relaciones nuevas: se trata de ir más allá el amigo-para-un-café). También he conseguido tachar alguna línea de la lista de cosas que quisiera hacer mientras viva. Así que bueno, tampoco tan mal, ¿no?
Aunque como ya digo me sentía melancólico según terminaba 2014, al empezar 2015 he empezado a sentir un nuevo impulso de optimismo y ganas de hacer cosas. Yo soy como una montaña rusa y nunca sé cuando me dará el próximo bajón... Pero en todo caso, aquí van mis propósitos para 2015. ¡Feliz año a todo el mundo!
1. Echarle más constancia a las cosas. A lo largo de este año me he ido haciendo muy consciente (leyendo artículos, entrevistas, de todo) de que el secreto de casi todas las cosas que triunfan o llegan a buen puerto es la constancia, el trabajo día a día. Hay gente que son genios, sí, pero incluso los genios necesitan echarle horas a las cosas que hacen. Yo soy un dejado, un vago y un flojo, y así no llegaré a ninguna parte. Querido Ronan: ponte las pilas y lucha activamente por mejorar. Para lograr un trabajo, para desarrollar tus hobbies y tus habilidades, para aprender cosas nuevas que te serán útiles, para desarrollarte como persona en general. Concéntrate.
2. No dejar siempre todo para después. Muy relacionado con lo anterior.
3. No dedicar tanto rato a Internet, y procurar que gran parte del rato que le dedique sea productivo (aprender, hacer cosas creativas, expresarme en este blog para aclararme las ideas).
4. Aprovechar más el tiempo. Organizarte, planificar.
5. No hacer más amigos tóxicos, sólo buscar a la gente que de verdad te aporta cosas; y minimizar el contacto con los amigos tóxicos que ya están en mi vida.
6. Prueba de constancia. A lo largo de este año, me he propuesto que haré al menos un dibujo (a lápiz, a boli, a tinta: lo que sea) cada día del año, y así comprobaré eso que siempre se dice de que con la práctica se mejora cualquier habilidad.
Ahí queda eso. Vamos allá.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Amigos tóxicos
Los últimos dos días estuvo de visita una amiga de otra ciudad. Vamos a llamarla Emma.
Ya venía notándolo desde hacía tiempo, pero ayer, tras pasar casi el día entero con ella, se me hizo evidente: no disfruto nada estando con Emma. Me saca de quicio y me agota incluso físicamente.
¿Qué hace Emma? Veamos. Para empezar, nuestros intereses son muy, muy, muy distintos. Yo tengo mucha curiosidad por todo de tipo de cosas, me gusta el cine, leer, informarme de temas variados, ver exposiciones. No es que sea una persona cultísima (en lo que se refiere a política, geografía y economía, por ejemplo, soy un paleto básicamente), pero como digo, tengo bastante curiosidad por casi todo. A Emma no le gusta leer (estábamos en una librería y miraba los libros como quien mira insectos exóticos), no le gusta mucho el cine, ni le gusta el arte en general, y básicamente sólo habla de chicos, de historias de amigas y de trabajo.
Es posible que durante la carrera, aunque yo ya iba notando sus "cosas", el nexo común que suponía estudiar juntos y tener problemas parecidos (los exámenes y demás) nos uniera lo suficiente, pero ahora pasar mucho rato con ella me agota, y siento que es más lo que nos distancia que lo que nos acerca.
Pero lo peor no es eso. Es que a nivel más personal, Emma tiene una actitud "perfeccionista", por llamarla de alguna manera, que me saca de quicio. Copio y pego de una página:
Os preguntaréis cómo lo aguanto. La principal razón es que soy un cobarde que siempre quiere agradar, y la segunda es que este tipo de cosas las dice bromeando y sonriendo, y no ha lugar a entrar en discusiones. Pero agota, y mucho, y te obliga a estar en un constante estado de "alerta" para que no te pille en un error, o con cara de distraído y entonces aproveche para "atacar".
Además, al rato de oírla hablar, te das cuenta de que Emma tiene críticas para todo el mundo, especialmente todo el que la contradiga o haga algo que le parezca mal. Estos días se quejaba veladamente de no haber sido invitada a cierta celebración, y en cambio cierta otra persona sí lo fue. Cómo decírselo, pero lo cierto es que adivino la razón: es de esas personas que de manera muy sutil te pueden agriar ligeramente la fiesta. Con una mirada no muy limpia. Con un gesto de velada crítica. Con actitud de dignidad herida que enturbia el ambiente. Esa persona que tras la boda disfruta criticando el menú, o el vestido de la novia, o lo que sea. Incluso si te halaga, de alguna extraña forma te hace sentir culpable (porque notas que bajo el halago hay... envidia).
El caso es que Emma nunca imaginaría que pienso todo esto y me siento así. Pese a todo esto, también tiene evidentemente sus características positivas y en el pasado me ha ayudado, pero si soy sincero conmigo mismo, ya no deseo ser más su amigo. Es una persona tóxica, no soy el primero en notarlo, y me gustaría salir de la red.
Y no sé cómo.
En ocasiones le cuento cosas que subrayan lo diferentes que somos. Trato de ser yo mismo en vez de adaptarme y hablarle de las cosas que me interesan de verdad para que se aburra y se dé cuenta de que no tenemos cosas en común y yo le parezca un rollo. También trato de hacerle ver que no soy ese peluche amoroso en el que ella me ha encasillado y que soy capaz de hacer cosas moralmente "erróneas", que he probado drogas, que he fumado, que he tenido sexo de una noche, que me gusta también la música electrónica ("Uuuuy, ¡pero Ronan, qué te ha pasado que te han cambiado!"). Con la esperanza de que se decepcione y se aleje.
Todo porque no sé cómo hacer eso tan simple que todo el mundo sabe hacer instintivamente de hacer que la gente que no te agrada se aleje de ti. Evidentemente no soy capaz de decirle todo esto que he escrito ahí arriba, y menos cuando nunca le he dado a entender que me siento así, y me parece demasiado brusco decírselo de pronto. ¿Alguien sabe cómo se hace? ¿Algún truco?
Ya venía notándolo desde hacía tiempo, pero ayer, tras pasar casi el día entero con ella, se me hizo evidente: no disfruto nada estando con Emma. Me saca de quicio y me agota incluso físicamente.
¿Qué hace Emma? Veamos. Para empezar, nuestros intereses son muy, muy, muy distintos. Yo tengo mucha curiosidad por todo de tipo de cosas, me gusta el cine, leer, informarme de temas variados, ver exposiciones. No es que sea una persona cultísima (en lo que se refiere a política, geografía y economía, por ejemplo, soy un paleto básicamente), pero como digo, tengo bastante curiosidad por casi todo. A Emma no le gusta leer (estábamos en una librería y miraba los libros como quien mira insectos exóticos), no le gusta mucho el cine, ni le gusta el arte en general, y básicamente sólo habla de chicos, de historias de amigas y de trabajo.
Es posible que durante la carrera, aunque yo ya iba notando sus "cosas", el nexo común que suponía estudiar juntos y tener problemas parecidos (los exámenes y demás) nos uniera lo suficiente, pero ahora pasar mucho rato con ella me agota, y siento que es más lo que nos distancia que lo que nos acerca.
Pero lo peor no es eso. Es que a nivel más personal, Emma tiene una actitud "perfeccionista", por llamarla de alguna manera, que me saca de quicio. Copio y pego de una página:
Esa es Emma. Constantemente necesita hacerte saber que aunque no viva aquí y haya ido una sola vez a ese sitio, sabe perfectamente el camino y sabría llegar sin ti. Que ya sabe eso que le ibas a explicar. Que eso que has hecho está mal. Que estás equivocado. Que no dijo eso. Que no dijiste eso. Que sí dijiste eso.
"Una persona que tiene la actitud tóxica del exceso de soberbia es aquella que ejerce el rol de autoridad constante, te corrige incluso cuando no tiene que hacerlo y se comporta como si estuviera en posesión de la verdad. Además, no se permite aprender de los demás y se siente incómoda cuando le llevan la contraria".
Os preguntaréis cómo lo aguanto. La principal razón es que soy un cobarde que siempre quiere agradar, y la segunda es que este tipo de cosas las dice bromeando y sonriendo, y no ha lugar a entrar en discusiones. Pero agota, y mucho, y te obliga a estar en un constante estado de "alerta" para que no te pille en un error, o con cara de distraído y entonces aproveche para "atacar".
Además, al rato de oírla hablar, te das cuenta de que Emma tiene críticas para todo el mundo, especialmente todo el que la contradiga o haga algo que le parezca mal. Estos días se quejaba veladamente de no haber sido invitada a cierta celebración, y en cambio cierta otra persona sí lo fue. Cómo decírselo, pero lo cierto es que adivino la razón: es de esas personas que de manera muy sutil te pueden agriar ligeramente la fiesta. Con una mirada no muy limpia. Con un gesto de velada crítica. Con actitud de dignidad herida que enturbia el ambiente. Esa persona que tras la boda disfruta criticando el menú, o el vestido de la novia, o lo que sea. Incluso si te halaga, de alguna extraña forma te hace sentir culpable (porque notas que bajo el halago hay... envidia).
El caso es que Emma nunca imaginaría que pienso todo esto y me siento así. Pese a todo esto, también tiene evidentemente sus características positivas y en el pasado me ha ayudado, pero si soy sincero conmigo mismo, ya no deseo ser más su amigo. Es una persona tóxica, no soy el primero en notarlo, y me gustaría salir de la red.
Y no sé cómo.
En ocasiones le cuento cosas que subrayan lo diferentes que somos. Trato de ser yo mismo en vez de adaptarme y hablarle de las cosas que me interesan de verdad para que se aburra y se dé cuenta de que no tenemos cosas en común y yo le parezca un rollo. También trato de hacerle ver que no soy ese peluche amoroso en el que ella me ha encasillado y que soy capaz de hacer cosas moralmente "erróneas", que he probado drogas, que he fumado, que he tenido sexo de una noche, que me gusta también la música electrónica ("Uuuuy, ¡pero Ronan, qué te ha pasado que te han cambiado!"). Con la esperanza de que se decepcione y se aleje.
Todo porque no sé cómo hacer eso tan simple que todo el mundo sabe hacer instintivamente de hacer que la gente que no te agrada se aleje de ti. Evidentemente no soy capaz de decirle todo esto que he escrito ahí arriba, y menos cuando nunca le he dado a entender que me siento así, y me parece demasiado brusco decírselo de pronto. ¿Alguien sabe cómo se hace? ¿Algún truco?
lunes, 20 de octubre de 2014
Las brasas también queman
F fue compañero de clase en un curso que hice. Me llevaba unos quince años y tenía una personalidad arrolladora, siendo a la vez la persona más payasa de la clase y probablemente la más culta e inteligente. Una combinación que me pulverizaba. El caso es que durante un tiempo yo percibí señales por su lado. De hecho todo empezó por su lado: un buen día me hizo un regalo sin venir realmente a cuento. Parecía que pasito a paso íbamos acercándonos a algo... Pero no llegábamos nunca. Finalmente un día cogí el toro por los cuernos y, a costa de unos nervios y una vergüenza terribles, le dije que me gustaba muchísimo. Tener conversaciones "serias" con él era (y es) muy complicado, porque entre su verborrea y su humor a borbotones... En fin, resumiendo la conversación, me dijo que efectivamente se había planteado de verdad algo conmigo, pero tras reflexionarlo, había decidido que la diferencia de edad era demasiada. La cosa quedó en que hablaríamos más, pero fueron pasando los días y nada. Supongo que cegado por lo que sentía, y porque la respuesta no fue totalmente tajante y quedaba un resquicio de posibilidad, volví a tratar de sacar el tema más adelante, hasta que finalmente llegó el no rotundo.
Si alguien que me lee está a tiempo de no cometer el mismo error, sólo quiero decirte que cuando la otra persona no sea clara y pese a lo que te diga te dé largas, nunca jamás insistas. Nunca, nunca, nunca, porque sólo sirve para pegarte una hostia mayor, y un día lo recordarás y te dará tanta vergüenza que querrás meter la cabeza bajo la tierra. Si alguien está de verdad interesado en ti, pondrá los medios.
En fin. Con el tiempo tuve que darme de baja de aquel curso, que duraba varios años, porque aunque manteníamos una relación amistosa y básicamente hacíamos como si aquello jamás hubiese ocurrido, para mí era un suplicio pasar allí esas horas con él. Sentía una ansiedad tremenda cuando tenía que ir a clase, y llegué a tener contracturas y dolores extraños de la pura tensión.
Fast forward a hoy en día. El tiempo y la distancia no sé si lo curarán todo, pero desde luego cambian las cosas, y en diez años da tiempo de que te pase de todo. De pronto se creó un grupo de wasap de la gente de esta clase, y supe de él después de tanto. Se planificó hacer una cena.
Me preguntaba qué me iba a pasar. Ahora no soy el mismo, soy menos inocente en todos los sentidos, he tenido más desengaños, y ahora estoy con Ikki... Por una parte pensaba que vería a F, sentiría simpatía por él y sería bonito verle a él y a los demás, y basta. Por otra, estaba un tanto preocupado y pensaba cosas del tipo de qué impresion le iba a causar yo ahora, lo cual era una mala señal.
La reunión, al final, me dejó una sensación amarga y turbulenta. Sí, parece mentira, diez años después F sigue teniendo la capacidad de trastornarme. Sigue siendo el mismo, yo por lo visto sigo siendo en gran parte el mismo, y me fue de allí como si por dentro llevara un maremoto.
Quizás eso que dicen de que donde hubo llamas quedan rescoldos es cierto, y me temo que tres personas de mi vida, F uno de ellos, pase el tiempo que pase siempre seguirán teniendo la capacidad de reabrirme la herida si algún día volvemos a vernos.
Aunque F me sigue haciendo polvo, a nivel "racional" al menos ahora entiendo claramente que esto no tenía ningún futuro, no exactamente por la diferencia de edad (cuando se quiere, se puede, y existen cientos de parejas así por el mundo), sino porque con alguien que te eclipsa de semejante manera no se puede tener una relación que funcione. Durante la cena, F acaparó gran parte de la conversación; la mayor parte consistió en bromas y bromas a velocidad de ametralladora, y yo, aún tratándose sólo de un pequeño puñado de gente, quedé totalmente en segundo plano. Pero el corazón es tonto, y os mentiría si no os dijera que una pequeña parte de mí volvió a albergar esperanzas ridículas, aunque esté con Ikki y la idea sea estúpida.
Ahora que llevo meses después de haber vuelto con Ikki, voy pasando por fases, y me pregunto si algún día podré estar totalmente en paz, como esos famosos que explican en las entrevistas que todo en su relación es como un rayo de luz sin fisuras. Hay días en que todo es pasión y felicidad, pero hay días en que el aburrimiento vuelve a asomar la cabeza, y también hay días en que determinadas cosas me hacen pensar si mi vida no necesita un profundísimo revulsivo. Y lo dejo aqui porque esto es tema de otra entrada.
sábado, 11 de octubre de 2014
Ya, por favor
Tarde tonta de sábado. Ikki está en su pueblo, y yo aquí, y me siento vacío y sin nada que hacer. Sí, hay algo que debería hacer: ponerme con la maleta. Mañana me voy a pasar unos días a mi ciudad natal. Donde estará mi familia, mis amigos, gente que contará conmigo para cosas.
Estoy bastante desanimado. Entramos ya en la última parte del año, y un vez más, no he logrado hacer amigos aquí este año. Si entro en detalles, sí, vale, he conocido a gente y con alguna de ellas puedo quedar de vez en cuando. Sin embargo, un amigo de un café o un cine esporádico no me es suficiente.
Está A, que en realidad está en un momento de su vida distinto al mío y se nota (es decir: le llevo unos años) y eso crea una distancia. Está C, que me parece ideal: pensamos de forma parecida, es de mi misma edad, compartimos un buen número de intereses, tenemos un nivel socio cultural virtualmente idéntico. Pero sin embargo, algo hay que nos impide ir más allá, y es que siento que siempre soy soy yo el que propone planes. No creo que C piense que pretendo nada porque es una chica y sabe que tengo novio, pero el caso es que ahí queda ese muro invisible, y llega un punto en que me da vergüenza volver a escribirle yo. Está A2, que es muy buena persona, pero al final es una persona "de barrio", con una forma de pensar y de ser muy distinta, y eso marca una enorme distancia y en muchas ocasiones me ha hecho pasar malos ratos a su lado. Somos de mundos demasiado distintos. Está L, que compartía conmigo su gusto por una serie de televisión y eso parecía que nos uniría más, porque ambos éramos fans a un nivel poco frecuente, y la serie no es muy popular... pero finalmente L tiene su mundo y yo soy sólo un amigo-de-café. Está P, que es un amigo-de-salir-de-marcha. Te avisa dos horas antes, y a menudo como respuesta de un mensaje tuyo, no porque salga de él únicamente.
No sé si me dejo a alguien, pero supongo que ya queda claro. A lo mejor es culpa mía por pedir demasiado, pero yo lo que necesito es a alguien que cuente conmigo de verdad, alguien en quien me pueda apoyar y para quien yo sea igual de importante. Alguien a quien pudiera darle una llave de reserva de mi casa en esta ciudad que no es mía por si pasara algo, alguien a quien pudiera llamar si me pasara cualquier cosa y, pongamos, me ingresaran en el hospital. Aquí en definitiva sólo tengo a Ikki, y cuando Ikki se va a su pueblo, me entra esta angustiosa sensación de soledad y queda claro que "amigos" con todas las letras, aquí no tengo.
A la mente me vienen toda clase de pensamientos. Que quizá cuando se superan los treinta es muy difícil hacer amigos nuevos. Que la culpa es mía porque soy demasiado tímido, o raro, o transmito cualquier cosa negativa. Que simplemente es cuestión de seguir intentándolo hasta que suene la flauta, porque si hasta hoy he ido logrando hacer amigos en cada momento de mi vida, ¿por qué ahora no iba a poder?
Por otro lado, ocurren cosas que me desesperan. Recientemente empecé el curso en una nueva clase de idiomas donde esperaba conocer a gente de gustos parecidos... y me encuentro con que mis compis son en un 90% adolescentes o poco menos. Qué desesperación me entró al verlo. La anterior vez que me matriculé en una clase, tuve UN SÓLO compañero, un padre de familia de cincuenta y pico. Un señor muy simpático, pero evidentemente no mi futuro amigo. Ahora, un MONTÓN de compañeros, pero prácticamente todos unos diecisésis años más jóvenes. Joder, parece broma. En fin. Quizás tenga suerte con las dos o tres compis de edades más parecidas.
Hace unos años viví en otra ciudad, y también lo pasé mal para conocer a gente. En realidad aquello fue aún peor, porque sumado a lo otro, tuve dos "desengaños" amorosos y bueno, pocas cosas peores que verte solo, sin familia, sin amigos y con el corazón roto. El caso es que aproximadamente al año y medio probé suerte yendo a una especie de ONG, y allí de pronto todo vino rodado: conocí a dos amigos que se convirtieron en mi "familia", y además de la relación muy cercana con ellos dos, a otro puñado de gente relacionada con ellos con la que si bien no tenía tanta confianza, contaban también conmigo para salir, cenar y cosas así. Fue de rebote con toda esta gente que conocí a Ikki, por cierto, así que ya veis hasta qué punto la cosa salió bien. ¿Fue un golpe de suerte espectacular, o puedo aspirar a que eso se repita?
No quiero seguir así otro año más. Si es por fallo mío quisiera saber qué hago mal para corregirlo ya, y si es una cuestión de suerte, necesito que cambie ya, por favor.
Estoy bastante desanimado. Entramos ya en la última parte del año, y un vez más, no he logrado hacer amigos aquí este año. Si entro en detalles, sí, vale, he conocido a gente y con alguna de ellas puedo quedar de vez en cuando. Sin embargo, un amigo de un café o un cine esporádico no me es suficiente.
Está A, que en realidad está en un momento de su vida distinto al mío y se nota (es decir: le llevo unos años) y eso crea una distancia. Está C, que me parece ideal: pensamos de forma parecida, es de mi misma edad, compartimos un buen número de intereses, tenemos un nivel socio cultural virtualmente idéntico. Pero sin embargo, algo hay que nos impide ir más allá, y es que siento que siempre soy soy yo el que propone planes. No creo que C piense que pretendo nada porque es una chica y sabe que tengo novio, pero el caso es que ahí queda ese muro invisible, y llega un punto en que me da vergüenza volver a escribirle yo. Está A2, que es muy buena persona, pero al final es una persona "de barrio", con una forma de pensar y de ser muy distinta, y eso marca una enorme distancia y en muchas ocasiones me ha hecho pasar malos ratos a su lado. Somos de mundos demasiado distintos. Está L, que compartía conmigo su gusto por una serie de televisión y eso parecía que nos uniría más, porque ambos éramos fans a un nivel poco frecuente, y la serie no es muy popular... pero finalmente L tiene su mundo y yo soy sólo un amigo-de-café. Está P, que es un amigo-de-salir-de-marcha. Te avisa dos horas antes, y a menudo como respuesta de un mensaje tuyo, no porque salga de él únicamente.
No sé si me dejo a alguien, pero supongo que ya queda claro. A lo mejor es culpa mía por pedir demasiado, pero yo lo que necesito es a alguien que cuente conmigo de verdad, alguien en quien me pueda apoyar y para quien yo sea igual de importante. Alguien a quien pudiera darle una llave de reserva de mi casa en esta ciudad que no es mía por si pasara algo, alguien a quien pudiera llamar si me pasara cualquier cosa y, pongamos, me ingresaran en el hospital. Aquí en definitiva sólo tengo a Ikki, y cuando Ikki se va a su pueblo, me entra esta angustiosa sensación de soledad y queda claro que "amigos" con todas las letras, aquí no tengo.
A la mente me vienen toda clase de pensamientos. Que quizá cuando se superan los treinta es muy difícil hacer amigos nuevos. Que la culpa es mía porque soy demasiado tímido, o raro, o transmito cualquier cosa negativa. Que simplemente es cuestión de seguir intentándolo hasta que suene la flauta, porque si hasta hoy he ido logrando hacer amigos en cada momento de mi vida, ¿por qué ahora no iba a poder?
Por otro lado, ocurren cosas que me desesperan. Recientemente empecé el curso en una nueva clase de idiomas donde esperaba conocer a gente de gustos parecidos... y me encuentro con que mis compis son en un 90% adolescentes o poco menos. Qué desesperación me entró al verlo. La anterior vez que me matriculé en una clase, tuve UN SÓLO compañero, un padre de familia de cincuenta y pico. Un señor muy simpático, pero evidentemente no mi futuro amigo. Ahora, un MONTÓN de compañeros, pero prácticamente todos unos diecisésis años más jóvenes. Joder, parece broma. En fin. Quizás tenga suerte con las dos o tres compis de edades más parecidas.
Hace unos años viví en otra ciudad, y también lo pasé mal para conocer a gente. En realidad aquello fue aún peor, porque sumado a lo otro, tuve dos "desengaños" amorosos y bueno, pocas cosas peores que verte solo, sin familia, sin amigos y con el corazón roto. El caso es que aproximadamente al año y medio probé suerte yendo a una especie de ONG, y allí de pronto todo vino rodado: conocí a dos amigos que se convirtieron en mi "familia", y además de la relación muy cercana con ellos dos, a otro puñado de gente relacionada con ellos con la que si bien no tenía tanta confianza, contaban también conmigo para salir, cenar y cosas así. Fue de rebote con toda esta gente que conocí a Ikki, por cierto, así que ya veis hasta qué punto la cosa salió bien. ¿Fue un golpe de suerte espectacular, o puedo aspirar a que eso se repita?
No quiero seguir así otro año más. Si es por fallo mío quisiera saber qué hago mal para corregirlo ya, y si es una cuestión de suerte, necesito que cambie ya, por favor.
miércoles, 16 de julio de 2014
Atravesar
Hace un par de semanas encontré trabajo.
Estar en paro es desesperante, y en ocasiones te hace caer en bajones y sentirte un inútil sin propósito en la vida.
Pero tener un trabajo que no te gusta nada y que sientes que te aplasta bajo su dificultad y su dureza es terrible también. En esas estoy.
En una de esas fases de la vida en la que mi pensamiento más recurrente es "por favor, que se termine todo esto ya". No voy a entrar en detalles, pero trabajo en un sitio con un grado de burocracia demencial y unas dimensiones inabarcables y agotadoras (es decir: media docena de plantas que subir y bajar permanentemente durante horas, corriendo mientras tratas desesperadamente de ajustarte al horario y rezas porque ningún imprevisto te lo haga imposible). En mi anterior trabajo me desesperaba porque me aburría y sentía que no avanzaba. En este es más una desesperación tipo "nudo en el pecho" por la ansiedad de sentir que no llegas.
Esto me ha llevado a empezar a preocuparme por mi futuro. Sé muy bien lo que no quiero: no quiero esto. No quiero este tipo de trabajo. Quiero un trabajo que no me haga daño física o psicológicamente. A lo mejor pido mucho, y esa es mi cruz, ser un insatisfecho crónico, pero nunca antes he sentido tan intensamente que no puedo quedarme en este sitio para siempre, ni siquiera para muchos meses. Y entonces, ¿qué hago? Os parecerá ridículo, pero con el paso del tiempo más y más voy envidinado a la gente que o bien es millonaria por herencia o lo que sea y se dedica a lo que le dé la gana, o bien que tiene la suerte de trabajar en trabajos "bonitos" y/o creativos. Actores, cantantes, guionistas, redactores de páginas de cultura friki, fotógrafos. Sí, sí, lo sé, todos los trabajos tienen sus pegas y su parte mala, pero por mucho que digamos es incomparable ser Beyoncé y ser un minero. Es indiscutible que hay trabajos y trabajos. La enfermería puede ser por momentos muy bonita, pero cuando se ejerce a toda prisa, con ansiedad y pensando en mil cosas burocráticas que no tienen nada que ver con ella, no lo es.
Me siento atrapado, no sé qué voy a hacer con mi futuro, y sólo sé que no soporto la idea de que esto sea mi vida para siempre.
Estar en paro es desesperante, y en ocasiones te hace caer en bajones y sentirte un inútil sin propósito en la vida.
Pero tener un trabajo que no te gusta nada y que sientes que te aplasta bajo su dificultad y su dureza es terrible también. En esas estoy.
En una de esas fases de la vida en la que mi pensamiento más recurrente es "por favor, que se termine todo esto ya". No voy a entrar en detalles, pero trabajo en un sitio con un grado de burocracia demencial y unas dimensiones inabarcables y agotadoras (es decir: media docena de plantas que subir y bajar permanentemente durante horas, corriendo mientras tratas desesperadamente de ajustarte al horario y rezas porque ningún imprevisto te lo haga imposible). En mi anterior trabajo me desesperaba porque me aburría y sentía que no avanzaba. En este es más una desesperación tipo "nudo en el pecho" por la ansiedad de sentir que no llegas.
Esto me ha llevado a empezar a preocuparme por mi futuro. Sé muy bien lo que no quiero: no quiero esto. No quiero este tipo de trabajo. Quiero un trabajo que no me haga daño física o psicológicamente. A lo mejor pido mucho, y esa es mi cruz, ser un insatisfecho crónico, pero nunca antes he sentido tan intensamente que no puedo quedarme en este sitio para siempre, ni siquiera para muchos meses. Y entonces, ¿qué hago? Os parecerá ridículo, pero con el paso del tiempo más y más voy envidinado a la gente que o bien es millonaria por herencia o lo que sea y se dedica a lo que le dé la gana, o bien que tiene la suerte de trabajar en trabajos "bonitos" y/o creativos. Actores, cantantes, guionistas, redactores de páginas de cultura friki, fotógrafos. Sí, sí, lo sé, todos los trabajos tienen sus pegas y su parte mala, pero por mucho que digamos es incomparable ser Beyoncé y ser un minero. Es indiscutible que hay trabajos y trabajos. La enfermería puede ser por momentos muy bonita, pero cuando se ejerce a toda prisa, con ansiedad y pensando en mil cosas burocráticas que no tienen nada que ver con ella, no lo es.
Me siento atrapado, no sé qué voy a hacer con mi futuro, y sólo sé que no soporto la idea de que esto sea mi vida para siempre.
domingo, 30 de marzo de 2014
La luz negra de la discoteca
Ayer por la noche salí con con dos amiguillos y otros amigos de ellos. En principio salía con pocas ganas, porque estaba muy cansado, pero ya había dicho que no el día anterior que estaba completamente exprimido, y no quería quedar de aburrrido que siempre dice que no a los planes (ya sabéis, ahora soy el hombre del sí a-casi-todo).
Al principio me empecé a animar bastante, inesperadamente. Esos días que después de una cerverza te empiezas a poner eufórico y la cosa fluye. Los chicos que conocía menos o acababa de conocer esa noche me parecían simpáticos y la cosa pintaba bien.
Sin embargo, poco a poco la cosa fue decayendo sutilmente, y al volver a casa y hoy, al día siguiente, la sensación que me quedó de esta noche es un tanto de... vacío. Voy a intentar explicarlo todo.
En ocasiones, y aquí viene una opinión políticamente incorrecta, el ambiente me parece un entorno superficial y deprimente. Características de la discoteca a la que fuimos: público principalmente de guapetes de gimnasio descamisados de mirada un tanto arrogante. DJ elevado en un absurdo podio, inalcanzable literalmente. Música íntegramente compuesta de dance chunda chunda (y hablo yo, que escucho música trance, pero eso es otra historia de la que otro día hablaré), puntuada por algún interludio de alguna canción conocida remezclada al estilo, valga la redundancia, dance chunda chunda. En estos casos ocurría un fenómeno que sería gracioso si no fuera estúpido: la gente aullaba encantada en cuanto reconocian un trozo de melodía familiar, quizá de algún tema de los 90 en versión nueva. Pero esos trocitos eran apenas cinco segundos en medio de los bombos, y en seguida se apagaba la euforia colectiva y volvíamos todos con decaimiento a bailar el obligatorio chunda chunda. Todos pagamos 15 euros con derecho a una sola copa por tragar con esta mierda de música que visiblemente no está motivando a nadie, y al DJ encima le ponemos en un podium. Hmmmm...
Cuando veo entornos así, pierdo un poco la fe, y siento que toda la lucha por los derechos de los gays finalmente nos ha llevado a sitios como esta discoteca llena de gente obsesionada con su físico, aparentando y haciéndose la distante e interesante, bailando por quedar de guay al ritmo de una música que la mayoría no está disfrutando. Y más deprimente me resulta todo esto cuando lo comparo con el caso de una persona que recientemente he conocido, proveniente de un país africano, que por su activismo en favor de la igualdad se ha expuesto a amenazas de muerte incluso.
A nivel ya personal, según avanzaba la noche me fui sintiendo y quedando más y más desconectado de los compis y de la gente alrededor. Ocurre que todos en mi grupo eran menores que yo, algunos bastante, y otros simplemente en una órbita distinta, y a fin de cuentas se nota. Era un círculo vicioso, porque cuanto menos hablaba, menos me apetecía hablar, y más descolgado me iba quedando. Por no decir que mi voz es tan débil que mantener conversaciones en una discoteca o un bar lleno siempre me ha resultado muy difícil... Para no mentir, tengo que decir también que en medio de todos estos tíos que no se ajustan nada a mi tipo, alguno que otro sí me pareció atractivo, pero no ligué con nadie, y eso también de desanima un poco. Para empezar no puedo, porque ahora estoy con Ikki, y sinceramente traté de frenarme con uno en concreto que se me puso a hablar y que me gustó bastante. Así que por un lado yo no me dejé llevar demasiado, y el entorno en general tampoco me daba mucha posibilidad. Y la verdad es que ir a una discoteca y sentirte un tanto invisible es, tengo que reconocerlo, un poco deprimente. Yo también entro en la rueda de la superficialidad, sí.
En fin. A veces, salir por la noche, más que algo divertido, es como entrar un mundo paralelo bastante oscuro y bastante hostil, y enfrentarte a lo más turbio de ti mismo y de los demás
.
Al principio me empecé a animar bastante, inesperadamente. Esos días que después de una cerverza te empiezas a poner eufórico y la cosa fluye. Los chicos que conocía menos o acababa de conocer esa noche me parecían simpáticos y la cosa pintaba bien.
Sin embargo, poco a poco la cosa fue decayendo sutilmente, y al volver a casa y hoy, al día siguiente, la sensación que me quedó de esta noche es un tanto de... vacío. Voy a intentar explicarlo todo.
En ocasiones, y aquí viene una opinión políticamente incorrecta, el ambiente me parece un entorno superficial y deprimente. Características de la discoteca a la que fuimos: público principalmente de guapetes de gimnasio descamisados de mirada un tanto arrogante. DJ elevado en un absurdo podio, inalcanzable literalmente. Música íntegramente compuesta de dance chunda chunda (y hablo yo, que escucho música trance, pero eso es otra historia de la que otro día hablaré), puntuada por algún interludio de alguna canción conocida remezclada al estilo, valga la redundancia, dance chunda chunda. En estos casos ocurría un fenómeno que sería gracioso si no fuera estúpido: la gente aullaba encantada en cuanto reconocian un trozo de melodía familiar, quizá de algún tema de los 90 en versión nueva. Pero esos trocitos eran apenas cinco segundos en medio de los bombos, y en seguida se apagaba la euforia colectiva y volvíamos todos con decaimiento a bailar el obligatorio chunda chunda. Todos pagamos 15 euros con derecho a una sola copa por tragar con esta mierda de música que visiblemente no está motivando a nadie, y al DJ encima le ponemos en un podium. Hmmmm...
Cuando veo entornos así, pierdo un poco la fe, y siento que toda la lucha por los derechos de los gays finalmente nos ha llevado a sitios como esta discoteca llena de gente obsesionada con su físico, aparentando y haciéndose la distante e interesante, bailando por quedar de guay al ritmo de una música que la mayoría no está disfrutando. Y más deprimente me resulta todo esto cuando lo comparo con el caso de una persona que recientemente he conocido, proveniente de un país africano, que por su activismo en favor de la igualdad se ha expuesto a amenazas de muerte incluso.
A nivel ya personal, según avanzaba la noche me fui sintiendo y quedando más y más desconectado de los compis y de la gente alrededor. Ocurre que todos en mi grupo eran menores que yo, algunos bastante, y otros simplemente en una órbita distinta, y a fin de cuentas se nota. Era un círculo vicioso, porque cuanto menos hablaba, menos me apetecía hablar, y más descolgado me iba quedando. Por no decir que mi voz es tan débil que mantener conversaciones en una discoteca o un bar lleno siempre me ha resultado muy difícil... Para no mentir, tengo que decir también que en medio de todos estos tíos que no se ajustan nada a mi tipo, alguno que otro sí me pareció atractivo, pero no ligué con nadie, y eso también de desanima un poco. Para empezar no puedo, porque ahora estoy con Ikki, y sinceramente traté de frenarme con uno en concreto que se me puso a hablar y que me gustó bastante. Así que por un lado yo no me dejé llevar demasiado, y el entorno en general tampoco me daba mucha posibilidad. Y la verdad es que ir a una discoteca y sentirte un tanto invisible es, tengo que reconocerlo, un poco deprimente. Yo también entro en la rueda de la superficialidad, sí.
En fin. A veces, salir por la noche, más que algo divertido, es como entrar un mundo paralelo bastante oscuro y bastante hostil, y enfrentarte a lo más turbio de ti mismo y de los demás
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