viernes, 26 de abril de 2013

Bajo la lluvia, en la oscuridad

Con este título tan rimbombante pretendo expresar en pocas palabras todo lo que estoy sintiendo estos días. Con la ayuda del blog, como he hecho siempre, solo trato de dar salida a los pensamientos y sentimientos que me van surgiendo, por contradictorios que puedan parecer. Si una cosa sé, es que el único mecanismo ante la tristeza que tengo es comunicarme. Hablar, escribir, tirarme horas al teléfono, hacer entradas en el blog que son como vomitar sin filtros todo lo que llevas dentro. Realmente nada te "cura" por completo, pero es lo único que te alivia aunque sea un poco.

Estos últimos días me he cogido una infección de garganta bastante fuerte. Sumada a una yaga que me apareció donde nunca antes: en paladar. Durante dos días estuve fatal, con fiebre, me dolía muchísimo al comer, y no tenía fuerzas ni para caminar. Sólo quería hacerme un ovillo bajo una manta y temblar. No sé si el hecho concreto de que todo esté centrado en la boca y la garganta tiene algún significado especial (¿me estoy castigando por "haber hablado"?), pero estoy segurísimo de que esto me ha venido porque he somatizado la angustia que siento de esa manera.

No estoy bien. Cada persona con la que hablo opina algo un poco o radicalmente distinto a lo que otros me dicen. Unos opinan que el hecho de que Ikki tuviese sexo con otra persona cinco días más tarde de romper (y se sintiese contento) es una confirmación obvia de que no me quería tanto y quizás sólo estaba conmigo por comodidad. Otros opinan que cada uno tiene sus mecanismos para enfrentarse a las cosas, y al igual que el mío como digo más arriba es hablar y explicarle a los que me quieran oir, con pelos y señales, todo lo que me pasa por dentro, el suyo es evadirse con diversión, con salidas y con sexo casual. Y que es normal que se sintiese muy contento, porque después de una situación tan dañina para la autoestima como es que te dejen, pues es una inyección de idem el que alguien se fije en ti y quiera tener sexo contigo. Sigues siendo alguien digno de despertar la libido en otros.

Y yo entiendo las dos formas de verlo, y esta ambivalencia no me ayuda en nada. Lo mismo ocurre con lo demás.

Ikki y yo de momento, debido a las circunstancias, seguimos viviendo juntos. Es una situación complicada y rara, pero no de la forma en que yo podría imaginármelo antes.

Si hay una cosa indudable es que entre Ikki y yo existe muchísimo afecto. La naturaleza y los límites de ese amor es lo que no está nada claro.

Estos días he empezado a sentir que ya le estoy echando muchísimo de menos. Él a ratos es cariñoso, y a ratos es distante y pragmático. Nunca dejamos de hablar del día a día, de si hoy en el trabajo pasó esto o lo otro, pero las conversaciones sobre sentimientos son mucho más escasas... Lo que es normal. Por las noches en varias ocasiones, no sé si despierto o o dormido, me ha rodeado con el brazo, o me ha acariciado. En dos ocasiones nos hemos besado en la boca accidentalmente.

Y también hemos tenido sexo en dos ocasiones, y esto sí que no ha sido accidental ni estábamos adormecidos. De verdad que no sabría explicar por qué me comporto así, pero en esas dos ocasiones sólo sé decir que sentí unas ganas tremendas. Él había dejado abierta esta posibilidad de acostarnos explícitamente (y cuando me lo dijo pensé con amargura, ya ves, que yo nunca iba a querer hacerlo de todas formas. Nunca digas de este agua...). ¿Qué significa el que él me propusiera eso? ¿Qué significa el que yo sintiera esas ganas de pronto? ¿Es porque soy un insatisfecho crónico y siempre quiero lo que no tengo? ¿Sólo sé valorar lo que pierdo? ¿Tienen algún significado psicológico esas dos veces? 

Este fin de semana se marcha a su pueblo. Dos días y medio prácticamente sin vernos. Una muestra a muy pequeña escala de cómo serán las cosas cuando ambos empecemos, y tendrá que ser muy pronto, a vivir separados. Una oportunidad a lo mejor para que yo me aclare las ideas y sepa hasta qué punto le quiero.

Algunos me dicen que lo que me pasa claramente  no es que quiera volver a estar con él, sino que tengo miedo a la soledad y al cambio tan drástico que viene ahora. A verte de repente desamparado y sin la seguridad que supone una pareja estable, alguien como él, en quien te puedes apoyar completamente, sabiendo que nunca estás solo. Y me dicen que ahora tengo que ser fuerte, que he dado el paso correcto teniendo en cuenta las dudas que he estado arrastrando, que no me puedo echar atrás porque esta es la oportunidad de intentar ser feliz de verdad.

Otros me dicen que quizás me hacía falta un tiempo, perderle, para entender de verdad lo que tenía, para analizar mis sentimientos y darme cuenta de que sí que le quería, pero necesitaba pasar este bache para comprenderlo. Y que si le echo tanto de menos ya y me siento tan feliz con cualquier muestra de afecto que me dedica (los abrazos, los besos accidentales, los mensajes para preguntarme cómo estoy), pues que quizá la respuesta es obvia: claro que le quiero y que debo volver con él.

Y de nuevo las dos formas de verlo me parecen posibles, y al final ya no sé nada. Si decidiera volver con él y al poco cayera en la cuenta de que era un error volver, sería terrible volver a pasar y a HACERLE volver a pasar a él por esto. Si decido esperar más tiempo y ver cómo me voy sintiendo, es posible que entre medias él cierre la puerta definitivamente... si no lo ha hecho ya... y eso también sería terrible.

miércoles, 24 de abril de 2013

Sin mapas

A continuación, una descarga de egoísmo, contradicciones y desorientación.

La situación entre Ikki y yo, o mis sensaciones respecto a ella, cambian a cada día, a cada rato. De la esperanza al hundimiento, de la tranquilidad al desasosiego, del dolor a la estabilidad. 

A lo largo de la semana, todo parecía ir bien. Yo estaba mejor, cada vez más normal, incluso contento. Ikki también iba muy bien.

Algunas noches se giraba en la cama para rodearme con su brazo, y yo me sentía bastante feliz y pensaba alternativamente que qué estaba pasando, qué significaba todo, y quizás que aunque fuera extraño era un suerte estar así.


Este viernes Ikki salía con un grupo de amigos, un plan en el que yo obviamente no estaba incluido. Yo este fin de semana trabaja mañana y tarde los dos días, por lo que sólo nos veíamos por la noche. La noche del sábado me explicó cómo lo había pasado la noche del viernes, y las cosas que había hecho durante el día con sus amigos del pueblo que andaban de visita por aquí. Estaba contentísimo. Y según iba comunicándome más y más su entusiasmo, yo más y más iba notando que una extraña angustia y tristeza me invadía. Sí: yo habría preferido no verle tan feliz. Es horrible y egoísta, y es la verdad. Después de una relación tan larga, me duele verle recuperarse tan perfectamente en menos de una semana.

Pero el plato fuerte llegaba a la mañana siguiente, cuando al despertarme para ir a trabajar, aprovechando que estaba dormido en otro cuarto, cogí su móvil para leer sus conversaciones. Horrible, mezquino y estúpido. ¿Qué esperaba encontrar exactamente? Quizá una prueba de que no estuviera tan bien. Quizá lo que me encontré: él explicándole a su mejor amigo que el viernes efectivamente se lió con alguien de la discoteca. Y que había temido sentirse mal, o culpable, pero que estaba contento porque se sintió muy bien. Su amigo le felicitaba. De verdad que cuesta poner en palabras la sensación de absoluto hudimiento que sentí, de caer al vacío para siempre, de que te arrancaran las tripas y los pulmones, de todo a la vez.
Ikki casualmente se levantó al rato para ir al baño, y se lo dije. Me echó una pequeñísima bronca, como de entrenador de fútbol, me dijo que no me estuviese torturando, y se fue a dormir en seguida.

Ese día fue terrible. Ni siquiera quiero volver a recordar con detalle todo lo que me pasaba por dentro. Así que vanzo hasta esa noche: le dije que lo sentía, que había sido por mi parte un error enorme y que no tenía ningún derecho a mirarle su móvil, ni a pedirle ni exigirle nada. Pero que era verdad que me dolía muchísimo haberme enterado de eso. Lloré, me hundí en el sofá, Ikki me consoló (sí, me consoló), me explicó que la alegría que sintió se debía al darse cuenta de que era capaz de salir al mundo y ligar otra vez, gustarle a alguien, todo eso. Que la procesión iba por dentro, que se estaba esforzando en facilitarlo todo para que pudiéramos ser amigos, y que yo haciendo estas cosas lo ponía en peligro. Me fui a dormir sintiéndome mucho mejor, y me desperté con una visión nueva de las cosas: no quería dañarme más pensando en lo que pasó, ahora se trataba de ser optimista y mirar hacia delante.

A la noche siguiente ocurrió algo extraño. Ikki tuvo un sueño que parecía mezclar algo erótico con algo de su trabajo, y habló en sueños, cosa que nunca antes le había visto hacer. Me llevó la mano a su paquete mientras decía algo del archivo de clientes, yo perplejo con todo. El caso es que de pronto pareció entrar en razón, se giró y siguió durmiendo. Y yo... me sentí muy excitado.

A la mañana siguiente, y siguiendo su oferta explícita de que aunque hubiésemos cortado podíamos volver a tener sexo si queríamos, le dije que me apetecía.

Y lo hicimos, y fue genial.

Me dijo que ahora no empezara a sentirme culpable ni cosas así, y me fui a trabajar algo turbado y también bastante alegre, para qué mentir. ¿Tal vez podríamos empezar una segunda parte como exes-mejores amigos-follamigos?

Anoche lo volvimos a repetir. 

Y aunque la primera vez me prometí no empezar a comerme la cabeza y tomarme las cosas tal cual venían, por una vez en la vida, en vez de analizarlo todo, la naturaleza es como es, y estoy ahora mismo completamente a la deriva.

¿Por qué si una de las razones principales era que no sentía deseo de pronto me apetece dos días seguidos y la cosa sale muy bien? ¿Es porque soy un incomformista efectivamente y sólo quiero lo que no tengo? ¿Por qué de pronto una parte innegable de mí desea volver con él y querría volver atrás?

Y a todas estas ocurre en primer lugar que no sé si él seguiría queriendo, porque como me dijo una amiga, el jarrón ya lo hemos roto una vez y aunque lo pegues no queda igual, y como él mismo me dijo, cuando le dije que le veía como un amigo, dice que se le "cayó la venda" y que su forma de verme cambió. Queriendo decir problamente que sus sentimientos por mí cambiaron "a menos". Muy posiblemente Ikki ya no está enamorado de mí, y una segunda parte nunca sería igual. Y eso sin hablar de la otra cosa: la posibilidad de que todo esto que siento ahora no sea más que un espejismo provocado por la nostalgia y el apego. No desearía jugar con sus sentimientos volviendo a romper con él otra vez si finalmente me diera cuenta de eso... 

Tengo miedo de acabar arrepentido de la decisión y que ya el daño sea irreversible. Dejar pasar el tiempo puede ser la solución, pero también puede ser el factor definitivo para cerrar la puerta para siempre. Estoy totalmente perdido.

domingo, 14 de abril de 2013

El final

Esta mañana puse punto final a cinco años de relación con Ikki.

Siento un dolor terrible y difícil de explicar. No sé por dónde empezar. Me siento una persona horrible y ni siquiera estoy seguro de haber hecho lo correcto.

Si alguien ha ido leyendo las últimas entradas sabrá que tenía dudas desde hacía un tiempo. Además, y de esto no había llegado a publicar nada, aunque tenía un borrador de entrada por ahí casi terminado, había empezado a fijarme en un una persona, un hombre al que por cosas del trabajo veo de vez en cuando. Ahora mismo sin embargo no estoy seguro de nada.

Hace una semana o así hablé con una amiga con la que hablo muy de tanto en tanto. Ella estaba hecha polvo, pues estaba viviendo la situación inversa. Sin embargo, se mostraba muy fuerte, y decía que pese a todo entendía la decisión de su ex, y que no, no podía ser su amiga, pero que valía más la pena terminar ahora que alargar algo que ya no tenía sentido. Que así ambos tenían la oportunidad de intentarlo de nuevo con otra gente. Le expliqué a continuación mis dudas, y digamos que me echó una medio bronca. Me dijo que después de cinco años no podía volver a las andadas con mis dudas (ya tuve una situación en la que estuve al borde de romper unos tres años atrás), y que o las resolvía para siempre, o terminaba la relación y nos permitía a ambos la oportunidad de empezar otra vez de cero. Una de las frases que le dijo su ex novio al cortar con ella fue "mejor ahora que dentro de dos años".

Me impactó mucho todo lo que me dijo y empecé por dentro a prepararme. Hasta que hoy por la mañana decidí hacerlo de una vez.

Lo que siento por Ikki es extraño y difícil de definir. He terminado llorando varias veces a lo largo del día, paradójicamente yo más que él, que se lo ha tomado con un extraño estoicismo y seriedad. Creo que se está reservando para cuando yo no esté delante.

Me parte el corazón la idea de hacerle daño a Ikki, una de las personas más buenas del mundo y a quien más quiero. Porque de lo que no tengo dudas es de que le quiero muchísimo. Pero ese querer no va acompañado de ganas de sexo, ni de excitación, ni de esa electricidad que en una relación tiene que haber. Yo no soy una persona muy propensa a demostrar cariño, a abrazar y tocar a la gente, pero con él, quizás por ser cómo es y por cómo era nuestra relación, daba rienda a todas esas cosas. Me encantaba abrazarle, tocarle, acariciarle la cabecita, el pecho, la barriga, besarle en las mejillas y por la cabeza. Y sigo teniendo ganas de todo eso. ¿Es posible querer a una persona de esta manera tan física y al mismo tiempo no sentirse enamorado ni atraído físicamente? ¿Es normal?

Ikki, como digo, lo ha llevado todo de manera muy estoica y controlada. En los prinmeros momentos me habló con rabia contenida. Me dijo que él sabía que antes o después esto iba a pasar, porque yo era un inconformista, que nunca estaba contento con las cosas. Me ha preguntado que si había alguien más, que cuánto llevaba dándole vueltas a esto, que por qué hoy. También me ha permitido abrazarle, y no se ha limitado a poner el cuerpo rígido, me ha abrazado él también y me ha besado en la mejilla varias veces. Y me ha dicho que ya me prometió una vez que si esto pasaba seríamos amigos. La verdad es que ha llevado la situación con una entereza y una generosidad que me asombran y me hacen admirarle aún más.

Una parte de mí tiene ganas de borrar todo el día de hoy y seguir tal cual estábamos. Quizás, en lugar de romper, decirle que seamos una pareja abierta. Aunque en la ruptura en parte he anulado esa posibilidad, definiéndolo como "no llamar a a las cosas por su nombre". Él además me ha dicho que para mí no sería posible, que no sabría separar el sexo del amor. Que me enamoraría de aquel con el que me acostara. Desde luego mi historial, de engancharme de gente con bastante facilidad, parece que le da la razón.

No sé qué va a pasar a partir de ahora. No sé qué va a ser de nosotros. No sé qué va a ser de mí básicamente solo sin él en esta ciudad enorme. Quizás me voy a arrepentir, o quizás he hecho lo correcto pero aún es demasiado pronto para ver más allá de la tristeza y el miedo que siento ahora mismo.

jueves, 28 de marzo de 2013

Desfiladero

Este fin de semana es el famoso finde de ir al pueblo de Ikki. Supongo que casi todas las parejas tienen uno o dos asuntos que son su fuente típica de conflictos. Pues bien: el pueblo es uno de los nuestros. Está la limpieza del hogar, mi desorden y despiste, mi falta de atención a veces, su gruñonería... Y el pueblo.

Ir al pueblo de Ikki supone dos cosas cosas para mí. Voy a ir de menos importante a más.

Una es que lo considero un fin de semana perdido. Aunque no lo estés leyendo, Ikki, lo siento mucho por decir esto, sé que te ofendería muchísimo. A mí en mi tiempo libre me gusta ir al cine, a ver exposiciones raras, a ver sitios curiosos, y cuando está la posibilidad, quedar con amigos (y digo cuando está la posibilidad porque en mi ciudad natal esto es fácil y es en realidad lo que más hago, pero aquí no tengo a nadie tan íntimo). Ir al pueblo consiste en estar todo el tiempo "de prestado". De comida familiar a comida con amigos de Ikki. No hay nada que ver ni hacer aparte de ir a los bares con ellos.

Y ahí llega la segunda cosa y la que más me agobia. Socializar con sus amigos. Aunque no tenga tal grado de fobia social que me impida salir a la calle y ese tipo de limitaciones que otros fóbicos sufren, sí que me producen mucha ansiedad estos encuentros sociales de muchas personas. Su grupo de amigos no es precisamente pequeño, porque deben de andar sobre los 20 aproximadamente, y aunque nunca se juntan todos, puedes contar con que siete o diez estarán. Siete o diez personas a la vez, seguras de sí mismas, que hablan con voz potente de una esquina de la mesa a la otra, a menudo a la vez, son una cosa muy grande para mí. A veces no tengo mucho que decir sobre el tema de conversación (y su sentido del humor suele ser también distinto del mío), pero incluso cuando tendría algo que opinar eso no sirve de mucho. Se me atragantan las palabras por los nervios, y no tengo la potencia de voz necesaria para que se me oiga con todo el ruido reinante. Un poema, vamos. A veces me da vergüenza al pensar si alguno habrá notado que he intentado participar y he empezado una frase y al final lo he dejado porque ya estaba hablando otro u otros con más potencia. Para no mentir tengo que decir que en otras ocasiones, con la ayuda del alcohol, me lo he llegado a pasar muy bien con ellos. Pero lo malo del alcohol es que a la mañana siguiente vuelves a la casilla de salida. Ojalá pudiera mantenerme así todo el rato.

Pero la cita ya toca este sábado y domingo, y no me queda más remedio que afrontarlo como mejor pueda. Últimamente estoy en una fase de tristeza, y entre otras cosas he empezado a reflexionar que soy un novio desastroso, y que Ikki me tiene que soportar un montón de cosas. El episodio que conté hace un par de entradas sobre su regalo de aniversario y todo lo que eso implica, mis despistes y los daños que eso provoca, mi dejadez y desorden, lo pesado que soy, las pequeñas costumbres a las que ha ido renunciando por mí (escuchar la radio y leer largo rato en la cama), tener mucho menos sexo del que le apetecería... Y en definitiva, yo sé que periódicamente a mí me surgen dudas sobre nosotros, pero desde su punto de vista, a veces me pregunto qué le aporto yo en realidad.

Así que volviendo al finde que viene, mi misión está clara: tengo que poner la mejor cara que pueda, tengo que evitar que se me note nada, tengo que esforzarme por relacionarme con sus amigos como mejor pueda, tengo que intentar no aguarle la fiesta y permitirle que disfrute al máximo de un fin de semana con sus amigos y su familia, porque es lo mínimo que puedo hacer.

lunes, 11 de marzo de 2013

Tina Cohen-Chang

Los que veáis Glee, os habréis fijado en Tina, la miembro asiática e inicialmente gótica del grupo... o quizá no os habréis fijado nada. No es difícil: Tina es casi sin duda el personaje central con menos frases, líneas argumentales, canciones... En la gran mayoría de los capítulos, Tina no hace prácticamente nada relevante. Está ahí, diciendo alguna que otra frase (tartamudeando, en sus primeros capítulos), haciéndole los coros a alguien, sonriendo o poniendo cara seria ante lo que alguien dice, o diciendo algo que queda totalmente disuelto entre en el mar de lo que los demás dicen o hacen.

Tina es mi personaje favorito de Glee, sobre todo durante su primera temporada. En los últimos tiempos las cosas han cambiado bastante y ahora digamos que ya no es el mismo personaje: dejó de ser gótica sin ninguna explicación, empezó a hablar alto y claro y en los últimos capítulos tiene incluso una actitud respondona y borde, y hasta alguna que otra línea argumental en la que juega un rol importante. Pero cuando todo empezaba, se convirtió sin pararme a pensar en ello en mi personaje favorito, y no sé si por casualidad o porque una parte de mí lo intuyó, un tiempo más tarde:  ¡era casi exactamente como yo! Yo también suelo hacer el papel de "personaje secundario" en las relaciones sociales, no canto ningún "solo" y en medio de las conversaciones grupales, sólo digo alguna frase suelta que básicamente no influye en nada.

Recientemente han esta de visita unos amigos de Ikki y todo esto, que queda camuflado cuando estamos él y yo a solas, surgió una vez más. En estas situaciones, acaba quedándome siempre un poso de amargura y desánimo. El notar lo mucho que me cuesta encajar con la gente normal, con los grupos, me pone muy triste y me hace sentir como un perro verde. 

Por otra parte, es fascinante el efecto que tienen los distintos grupos en las personas. Hace meses fuimos de viaje con una amiga mía y otros amigos de ella, y según me hizo saber mi amiga más tarde (y yo ya lo sospechaba), Ikki no cayó nada bien a los demás. Les resultó pedante y borde. Yo en cambio les caí bien (la frase que le dijeron a mi amiga fue "¡adoptamos a Ronan!"). No puedo negar que verdaderamente Ikki se comportó a menudo de manera huraña y poco adaptable durante aquel viaje.

Sin embargo, en este contexto "inverso" de la visita de sus amigos, claramente el que no encajaba era yo, y contrariamente al viaje, Ikki se mostraba siempre dispuesto a hacer todo lo que los demás propusieran (en esta situaciones, yo debo evitar sugerir nada, porque entonces él me mira con aprensión y trata de quitarme la idea). La verdad es que creo que no llegué a caerles lo que se dice "mal", eso sería exagerar, pero digamos que en las conversaciones, en el grupo, yo no aportaba mucho. Ahora voy a hacer eso que siempre se dice que no se debe hacer de sacar conclusiones sobre lo que los demás han pensado de ti, pero la sensación que me queda claramente es que ellos deben pensar que soy un soso y un simple que no está a la altura de lo que Ikki podría tener.

Dentro de de poco vamos un fin de semana a su pueblo. Tengo muy pocas ganas, porque eso significa que esta situación se va  prolongar casi a tiempo completo durante 48 horas seguidas. Y dos días enteros sintiéndote el personaje secundario hacen muchísimo daño a tu autoestima.

jueves, 7 de marzo de 2013

Estar enamorado / querer

Hoy Ikki se me ha presentado por sorpresa con un ramo de flores. Cumplimos cinco años juntos... Sé que es un tópico, pero me parece mentira que haya pasado tanto tiempo, y se me ha pasado todo volando. (También es un tópico, pero desde los veintipocos tengo la sensación de que todo se pasa volando).

Y este bonito detalle me ha entristecido y me ha hecho sentir culpable. El año pasado, fue Ikki también el que tuvo un bellísimo detalle conmigo para celebrar este día. No voy a entrar en muchas explicaciones, pero se trataba de una especie de resumen en fotos y texto de nuestra relación, de cuando empezamos, de los momentos que habíamos tenido que pasar separados, de cuando empezamos a convivir...

Todos estos detalles y muestras de atención, de cuidado, subrayan algo dolorosamente cierto de lo que él también es consciente: el desequilibrio que hay entre lo que él siente por mí y lo que yo siento por él. Sí, Ikki lo sabe, me consta que lo sabe. En primer lugar, porque simple y llanamente, estas cosas se saben. Uno puede tratar de empujarlo a su subconciente y mirar para otro lado, pero el fondo lo notas. Pero si aún esto no fuera así, yo mismo se lo dije de viva voz en una ocasión en que prácticamente rompí con él. Se acercaba un momento crucial en cualquier relación (el inicio de la convivencia), y yo tuve la crisis más fuerte que he tenido de dudas. En las películas y series suelen bromear con que esto se debe a que la gente tenemos miedo al compromiso y bla bla bla, pero cuando estás completamente convencido de algo, no tienes miedo. Lo deseas.

Pero en aquella ocasión Ikki tiró y tiró de la cuerda, y yo al final cedí. Vuelvo constantemente a ese día. ¿Es posible convencer a alguien de que no rompa contigo?

Si volví no fue sólo por su insistencia, no voy a mentir. Quiero muchísimo a Ikki, y los años que han venido después de esa casi-ruptura han estado llenos también de momentos felices. Ikki y yo compartimos todo tipo de cosas: puntos de vista, un conocimiento mutuo profundo, aficiones, un nivel cultural similar. Él es una de las escasas personas en todo el mundo con quien siento que puedo ser absolutamente yo mismo. Puedo explicarle casi todas mis rarezas más íntimas, las estupideces que me hacen gracia, las preocupaciones que serían más incomprensibles para casi todo el mundo.

Pero volvemos a lo mismo. ¿Esto sustituye a estar verdaderamente enamorado, con todas las letras? ¿"Querer mucho" basta? ¿Es sostenible para siempre una pareja en la que un miembro siente mucho más intensamente que el otro? Aunque nunca le haya puesto los cuernos, ¿estoy de cierta manera engañándole?

Las consecuencias de todo esto no sólo se manifiestan en que el ramo de flores me haga sentir tristeza. A tu propio cuerpo no le puedes engañar, y en el caso de los hombres el deseo tiene una forma muy concreta y muy visible de manifestarse. Sí, lo que estoy diciendo de esta manera tan cursi y rebuscada es que cada vez me apetece menos acostarme con él, y ya he experimentado alguna vez lo que es un gatillazo. También he experimentado algo que va incluso antes: tener dificultad no para mantenerte empalmado, sino para llegar a hacerlo. Y aquí sí que nos chocamos contra el muro.

Todo el cariño del mundo no va a conseguir que sienta un deseo sexual que no tengo.

Al lado de Ikki tengo ganas de muchas cosas. Tengo ganas de contarle cosas, tengo ganas de pasar tiempo con él, tengo ganas de hacer cosas juntos, tengo ganas de besarle en las mejillas, en las orejas, en la nariz. Tengo ganas de acariciarle el pelo, la cara, la barriga, la pelambrera de su pecho, su ombligo. No tengo ganas de tener sexo ni de morrearme con él. 

Me he planteado cosas. Romper, claro, esta vez sin vuelta atrás. Proponerle una pareja abierta en que el sexo lo obtengamos cada uno por nuestra cuenta, fuera. Algunas veces hemos hablado entre bromas y veras de esta posibilidad, y nunca hemos sacado nada en claro. Ikki sigue teniendo muchas ganas de acostarse conmigo, y la posibilidad de que yo me acueste con otro no le hace ninguna gracia.

A mi alrededor siento que todo, el mundo, conspira para plantarme todos estos temas en las mismas narices (y en las de Ikki, creando momentos que se me hacen muy incómodos). Las series, las películas, las situaciones del día a día. Ayer fue un día surrealista, en que me ocurrió algo muy anormal, seguido de algo más común pero también significativo. Todo relacionado con el sexo y la fidelidad. No lo voy a contar hoy, pero otro día quizá sí, porque de alguna manera quiero que lo que pasó se quede guardado en algún sitio. Anoche incluso soñé algo que indirectamente ahondaba de nuevo en las sensaciones y los lugares de aquel día...

Me siento perdido.

domingo, 17 de febrero de 2013

Los peligros emocionales de Facebook

Para alguien como yo, con tanta tendencia a la melancolía, el Facebook es un peligro.

Al igual que el de, me imagino, casi todo el mundo, mi perfil de Facebook es un mejunje de gente de todo tipo, y la gran mayoría de no pueden ser considerados "amigos", aunque la página los llame así. Hay amigos reales, hay conocidos con los que en su momento traté un poco, conocidos con los que en su momento apenas traté, hay compañeros de trabajo, ex-compañeros de trabajo... Y hay antiguos amigos. Un antiguo amigo con el que no te has peleado pero al que has dejado de ver, ¿es un ex-amigo? ¿Es un no-amigo? ¿Qué vínculo es ese que te une sutilmente con una persona a través de antiguos momentos compartidos pero que están demasiado lejos en el tiempo para seguir afectándote en el presente?

Ayer colgaba unas fotos que le había prometido a un amigo, y entre las personas que le dieron a "Me gusta", aparecía, por sorpresa, una amiga de la infancia. Desde pequeño hasta aproximadamente la adolescencia, hubo unas cuatro o cinco personas que eran mis mejores amigos, entre ellos uno que era mi mejor amigo, ese al que primero llamas, al que ves más que a nadie, con el que lo compartes casi todo. La chica que marcó el "Me gusta" era más amiga de él que mía, de hecho fue un poco a través de él que nos acercamos más. El caso es que al llegar la adolescencia, las cosas fueron cambiando poco a poco. Empezamos a distanciarnos. Ellos empezaron a entrar en un mundo al que yo no era capaz de entrar, y yo por mi parte entré en el limbo. Aunque una parte de mí les culpa ("me dieron de lado", es la sensación que tebgo en pocas palabras), otra parte de mí piensa que cuando la gente se distancia no es culpa de nadie, simplemente quizás vas cambiando y con alguna gente vas dejando de ser compatible.

Al acabar los años de colegio e instituto, la brecha se hizo ya enorme y yo entré en otro mundo, hice amigos nuevos; y resumiendo hice un punto y aparte en mi vida. Uno de esos momentos en que tu vida cambia tanto que al mirar atrás no te parece que ese trozo de antes sea también tu vida.

Pues el caso es que me puse (erroooorrrrrr garrafal) a mirar las fotos de esta chica, y empecé a ver con cada vez más tristeza que ella no sólo sigue siendo la mejor amiga de mi antiguo mejor amigo (esto ya lo sabía), sino que incluso otros miembros de nuestra mini-cuadrilla infantil que en un momento dado también parecieron distanciarse también han vuelto a sus vidas. Y no es una relación superficial: se han ido de viaje juntos, incluso, que es una prueba de amistad de las más sólidas.

Después de haber visto esa foto, me siento triste. Los tres, tirados por el césped de un parque, sonriendo. En sus vidas no ha habido un "corte", no ha habido un antes y un después. Han hecho amigos nuevos, pero también han seguido todos estos años juntos, y yo soy el que se ha quedado fuera.

Me pasó por la cabeza que qué pasaría si intentara conectar con ellos de nuevo. Hacer un esfuerzo por quedar todos, aunque estemos disgregados aquí y allá, interesarme por sus vidas e incluirles en la mía. Quizás todo podría salir bien y yo sentiría que cerraría el círculo, o quizá sería como tratar de resucitar un cadáver y acabaría siendo triste e incómodo para todos. Si os digo la verdad lo pienso sólo hipotéticamente, porque no me siento nada capaz de hacer algo así, y además estamos en posiciones muy distintas. Ellos tienen la confianza y la complicidad de todos estos años juntos, yo soy el que quedó fuera del círculo... A veces, mi antiguo mejor amigo ha hecho tímidos intentos de volver a acercarse. Yo he reaccionado a medias, ni he cerrado la puerta, ni tampoco me he lanzado en plancha.

 En este nuevo año he empezado a pensar cada vez más que en ocasiones la forma en que uno ve las cosas, los comportamientos que automáticamente adopta, pueden cerrarle muchas puertas en ocasiones, y quizás es hora de replanteártelo todo y empezar a tratar de reaccionar de maneras nuevas ante las cosas. Quizás, si por una carambola del destino tengo de nuevo la posibilidad de crear un nuevo vínculo con ellos, esta vez rezaré lo que sepa y lo intentaré.