Ayer tuve una discusión en el trabajo, mientras comíamos. No fue nada grave, la sangre no llegó al río ni mucho menos, pero yo sentí que la situación me superaba.
Normalmente ya me veo venir estas situaciones. En el trabajo me he dado cuenta de que en muchísimas ocasiones mis opiniones no tienen absolutamente nada que ver con las de mis compañeros. Ya me ha dicho alguno en alguna ocasión que "siempre voy al revés del mundo" y cosas así. No puedo negar que me gusta bastante discutir, pero la verdad es que cuando defiendo algo es por que creo de verdad en ello, no lo hago por llevar la contraria. Porque a la vez que me gusta discutir, también, aunque parezca contradictorio, me hace sufrir, y bastante. Esa sensación de estar solo contra el mundo, el miedo a provocar antipatía en la gente, a caer mal, a que te dejen de lado por raro y desagradable.
En estas situaciones me gustaría que alguien más opinara como yo y se pusiera de mi lado (y no son cosas especialmente raras: el otro día sin ir más lejos la discusión trataba básicamente de la eutanasia, y nadie admitía al menos tener unas ciertas dudas éticas sobre el asunto; todos estaban completamente a favor de prolongar la vida todo lo posible, aunque se tratara de un anciano cansado, con muchos años a la espalda). Sé que suena a paranoia egocéntrica, pero en muchas ocasiones siento que tanto fervor en contra de lo que sea que yo opine no se debe al tema en sí, sino a aprovechar la ocasión de caer todos contra mí, por el placer de ampararte en la fuerza que da la mayoría.
Así que como decía, poco a poco he ido aprendiendo a ver venir estas situaciones en las que opinar me va a costar un debate de "todos contra uno", y por ello casi siempre procuro poner toda la cara de póker de la que soy capaz, escuchar lo que los demás dicen y no decir ni mú. El lado negativo de esta táctica es que dentro se te queda el reconcome de no expresarte libremente. Y que a veces tengo la impresión de que cada vez que callo, cedo un poco más de terreno ante los demás.
En general, mi relación con los compañeros es buena, pero poco a poco voy sintiendo que las cosas que nos separan son demasiadas, y a menudo desearía estar en un entorno muy distinto. De gente un poco más reflexiva, que no sólo leyese best-sellers (si es que leen) y viese pelis de acción o comedias chorras (bajadas de internet, claro, porque la mayoría no le ve sentido al cine), que leyesen los periódicos, que tuviesen un poco más de cultura general. Yo no soy ningún genio ni superdotado ni nada por el estilo, pero desde que entré en el mundo de la sanidad cada vez pienso más que la mayor parte de la gente de este mundo tiene un tipo de mentalidad que no tiene nada que ver con la mía.
En general lo que prima es la practicidad, la utilidad, el hacer las cosas sin reflexionar mucho. Haciendo una comparación un poco rara, el mundo de la sanidad (¿y quizás de las ciencias, en general?), sería un examen tipo test, y el mundo de las humanidades sería de tipo desarrollo: un comentario de texto, por ejemplo. Yo, habiendo estudiado cosas de ambos mundos, estoy en una situación rara, pero aunque mi trabajo sea de ciencias está claro que en gran parte mi forma de de pensar es de humanidades. En momentos así pienso si me equivoqué eligiendo este camino, y de qué manera podría pegar un giro radical y salir de este mundo...
miércoles, 6 de febrero de 2013
viernes, 28 de diciembre de 2012
Coge aire...
Menuda “inocentada” la de ayer.
Después de más de una hora (soy muy lento) tecleando un post,
cuando sólo me faltaba añadir una fotito, que en mala hora quise
añadirla viendo lo lento que por alguna razón estaba funcionando
todo... blogger se colgó, y en vez de grabar automáticamente el
progreso, como siempre hace, se quedó el borrador completamente en
blanco. Arrgh.
En fin. Vamos a pensar que esto es una
especie de prueba de perseverancia. Así que aquí va la segunda
versión de la entrada que quería poner ayer, con lo que recuerdo
más lo que ahora se me ocurra añadir.
Bueno, como cada año al empezar un
nuevo año, quiero dejar aquí por escrito mi lista de propósitos
para 2013. Nunca me dedico, pasado el año, a releer lo que escribí
el año anterior, para ver si conseguí algo de lo que me proponía,
o al menos mejoré en ese aspecto... Pero bueno, en todo caso
escribirlo por aquí me da más impulso para luchar por ello. Así
que aquí va. ¡Empezamos!
- Aprender a silbar fuerte, con los dedos. Puede parecer una estupidez, pero para mí es importante. Como ya he escrito por aquí alguna vez, tengo una voz muy débil, y esto me provoca un montón de problemas a menudo: tener mucha dificultad para hablar en los bares y sitios así, no poder hacerme oír... El otro día veía en el cine una película (De óxido y hueso, la recomiendo), y en un momento dado la protagonista llamaba al chico de un silbido. Y me vino la revelación. ¡Yo necesito aprender a silbar fuerte! Mi voz es la que es y probablemente no tenga mucho arreglo, pero esto quizá sí entra de mis posibilidades.
- No dejar las cosas siempre para más tarde. Esta actitud tan mía me ha traído numerosos problemas en el pasado, y ya va siendo hora de hacer algo. Dejar las cosas para luego te puede traer muchas consecuencias: perder dinero, perder tiempo, molestar a gente, perder oportunidades.
- Tratar de fijarme más en las fechas y horarios de las cosas. Esto va íntimamente unido a lo anterior. Tengo una extraña tendencia a desconectar inmediatamente cuando algo trata de fechas y otros datos “numéricos”. Me las apaño gracias a la agenda de cumpleaños del móvil, a las notitas en calendarios, a los post-its... Pero el hecho es que esto también me ha traído un montón de problemas a lo largo de mi vida, y al igual que lo anterior, me ha hecho perder muchas oportunidades, fallar a compromisos... Estoy en ello.
- El propósito más personal y quizás el más complejo, el que con unas palabras u otras me hago cada año básicamente: atreverme a decir “no” más a menudo, a expresar mis verdaderas opiniones, a negarme a permanecer en situaciones como la que describía hace un par de entradas. Sé que todo esto proviene del miedo que me da provocar rechazo en la gente. Me tengo que mentalizar de que es inevitable hacerlo de vez en cuando, que todos lo hacemos, que es imprescindible para no convertirte en un pelele.
- No posponer indefinidamente esas pequeñas cosas que te planteas hacer, no pensármelo tanto, pasar más a la acción.
En realidad todos los propósitos que
me hago me parecen difíciles. Así que aquí quedan escritos, porque
parece que hacerlo te da una razón para intentarlo. Como si hicieras
un contrato contigo mismo. Ahora veamos si lo cumplo. Feliz 2013 y un
abrazo si estás leyendo esto.
martes, 18 de diciembre de 2012
Un mundo medio lleno
La teoría de que el mundo se acabe este próximo día 21 me resulta divertida y hasta fascinante, y da que pensar miles de cosas ("qué harías tú si..."). Yo no soy precisamente la persona más optimista del mundo, y a menudo pienso que el mundo merece terminarse. A diario ocurren cosas profundamente horrorosas, los seres humanos damos muestras de una maldad sin límites, cada dos por tres un desastre natural destroza las vidas de miles de personas sin ningún motivo, nacen niños con enfermedades incurables, triunfan mafiosos y traficantes de armas, miles de personas son prostituidas, extorsionadas, esclavizadas, asesinadas...
Sin embargo, esta mañana, saltando de enlace en enlace en una de mis páginas favoritas, TV Tropes, caí de casualidad en una página que me impactó muchísimo. Se trataba de una recopilación de motivos por los que se afirmaba que sí, el mundo es un desastre, una mierda, pero paso a paso, lentamente, estamos creando entre todos un mundo mejor, o como dicen ellos mismo, "ganándonos nuestro final feliz colectivo". ¿A que así de entrada parece una idiotez ridículamente optimista e ingenua? Pues lo que se detalla a continuación es una ristra de razones concretas para hacer esta afirmación.
De verdad, la página es larguísima y llena de ejemplos, así que si sabéis inglés, simplemente os recomendaría que entráseis y la leyéseis (bajad hasta la sección titulada "Real Life"), pero en todo caso resumo. A nivel social, con el paso del tiempo las personas tienden más a la tolerancia, a la cooperación y a la solidaridad. Si os parece una patraña, recordad que no hace tanto la esclavitud era legal, no existían las ONGs, en todos los países se exterminaba a los homosexuales y las mujeres vivían en todo el mundo sometidas a los hombres. Cada vez hay menos guerras, y estas tienden a ser menos intensas. ¿Os imagináis a día de hoy una guerra entre Francia y España? Hubo un día en que esto que ahora parece raro ocurrió. La medicina ha avanzado a pasos agigantados, y miles de enfermedades han sido solucionadas, otras están en camino, y la incidencia de otras tantas ha bajado muchísimo, o directamente ha llegado a cero: la viruela, hoy erradicada. Tenemos, en algunos países al menos, una sanidad pública (sí, lo sé, cada vez menos: pero comparado con la situación en la Edad Media, no me diréis que el salto es increíble). Gracias a campañas como las de Change.org o Avaaz, hemos logrado frenar la pena de muerte de muchas personas, la construcción de bombas racimo, las políticas dañinas de muchas empresas, la censura en internet, y todo ello usando básicamente algo tan idiota como el spam para un uso constructivo.
No quiero ser cansino, así que no sigo más. Me ha impactado darme de frente con este super despliegue de optimismo justificado, que es el mejor optimismo del mundo, y quería compartirlo por aquí. No nos vamos a engañar, el mundo sigue estando lleno de cosas horribles, pero merece la pena tener en cuenta también la otra cara de la moneda.
Si efectivamente este viernes desaparecemos, está bien saber que al menos en parte, a paso tambaleante, nos dirigíamos hacia algo mejor. Y como decía el disco de Pizzicato Five, este sería un final feliz del mundo.
Sin embargo, esta mañana, saltando de enlace en enlace en una de mis páginas favoritas, TV Tropes, caí de casualidad en una página que me impactó muchísimo. Se trataba de una recopilación de motivos por los que se afirmaba que sí, el mundo es un desastre, una mierda, pero paso a paso, lentamente, estamos creando entre todos un mundo mejor, o como dicen ellos mismo, "ganándonos nuestro final feliz colectivo". ¿A que así de entrada parece una idiotez ridículamente optimista e ingenua? Pues lo que se detalla a continuación es una ristra de razones concretas para hacer esta afirmación.
De verdad, la página es larguísima y llena de ejemplos, así que si sabéis inglés, simplemente os recomendaría que entráseis y la leyéseis (bajad hasta la sección titulada "Real Life"), pero en todo caso resumo. A nivel social, con el paso del tiempo las personas tienden más a la tolerancia, a la cooperación y a la solidaridad. Si os parece una patraña, recordad que no hace tanto la esclavitud era legal, no existían las ONGs, en todos los países se exterminaba a los homosexuales y las mujeres vivían en todo el mundo sometidas a los hombres. Cada vez hay menos guerras, y estas tienden a ser menos intensas. ¿Os imagináis a día de hoy una guerra entre Francia y España? Hubo un día en que esto que ahora parece raro ocurrió. La medicina ha avanzado a pasos agigantados, y miles de enfermedades han sido solucionadas, otras están en camino, y la incidencia de otras tantas ha bajado muchísimo, o directamente ha llegado a cero: la viruela, hoy erradicada. Tenemos, en algunos países al menos, una sanidad pública (sí, lo sé, cada vez menos: pero comparado con la situación en la Edad Media, no me diréis que el salto es increíble). Gracias a campañas como las de Change.org o Avaaz, hemos logrado frenar la pena de muerte de muchas personas, la construcción de bombas racimo, las políticas dañinas de muchas empresas, la censura en internet, y todo ello usando básicamente algo tan idiota como el spam para un uso constructivo.
No quiero ser cansino, así que no sigo más. Me ha impactado darme de frente con este super despliegue de optimismo justificado, que es el mejor optimismo del mundo, y quería compartirlo por aquí. No nos vamos a engañar, el mundo sigue estando lleno de cosas horribles, pero merece la pena tener en cuenta también la otra cara de la moneda.
Si efectivamente este viernes desaparecemos, está bien saber que al menos en parte, a paso tambaleante, nos dirigíamos hacia algo mejor. Y como decía el disco de Pizzicato Five, este sería un final feliz del mundo.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Harto de ser un camaleón
Anoche Ikki y yo fuimos a cenar con otra pareja. Se trataba de una chica a la que conocí hace algo más de un año en otra ciudad, y su novio.
Ya desde la conversación previa en wasap (déjemoslo así, que el nombre auténtico es una pesadez de escribir), comenzó el proceso de "adaptación": ella proponía cervezas y picar algo. La verdad es que ayer era el típico día en que no me apetecía nada beber, y respecto a "picar algo", ya sabía bien lo que se nos venía encima: tapas.
Estoy hasta el gorro de las tapas.
Respeto el gusto de cada cual, y sé que en general a casi todo el mundo le encantan, pero para mí suponen:
a) comida tirando a grasienta que no me viene nada bien para mis problemas de piel.
b) someter tu comida a la decisión de la mayoría, con lo que es muy posible de que todas las cosas que se pidan sólo te gusten una o dos.
c) por la razón anterior, acabar comiendo tres calamares, dos trozos de pan y una croqueta y media
d) pagar una media de 20 euros por haber comido esa cantidad de comida.
A lo mejor parece egoísta, pero no sé qué tiene de malo pedirte tu propio plato, que sabes que te va a gustar casi seguro, y al menos disfrutar de la comida que vas a pagar. Si la gente quiere variedad, a mí no me importa nada invitarles a coger de mi plato.
En fin, volviendo al tema, el caso es que no me atrevía a llevarle la contraria y sugerirle lo que me apetecía de verdad: un vegetariano, un italiano, un japonés, un sitio de pasta y ensaladas, el mismo McDonalds. Sé que si lo hubiera hecho, a la chica le habría dado poco menos que un desmayo ante la idea, y me habría dicho que cómo podía sugerirle esas cosas cuando me estaba ofreciendo conocer un sitio genial al que ella y su novio iban siempre. Rendición número uno.
Una vez en la cena, se cumplió todo lo que digo más arriba. Como única concesión, me pedí, junto a una cerveza por no parecer demasiado aguafiestas (rendición número dos), una jarra de agua, sabiendo que eso me costaría comentarios de que yo era demasiado formal, etcétera. Durante la cena, cada vez se iba haciendo más claro para Ikki y para mí que no teníamos nada que ver con ellos. La chica, vamos a llamarla Nuria, es buena gente, la típica persona de carácter fuerte, muy apasionada, muy directa al hablar, de sangre caliente. Una de estas personas que no se dan cuenta de lo fácilmente que pueden ofender con su forma de forma de hablar ("Eso es una gilipollez", en respuesta a una opinión personal e intransferible de Ikki en cierto momento). Su novio, básicamente igual. Buena gente en el fondo, pero de carácter brusco.
Y tanto.
Ikki y yo no queríamos ir a su casa a tomar una última copa, pero no fuimos capaces de contradecirla (rendición número tres), y por el camino ocurrió una cosa que enturbió el resto de la noche. Nuria no encontraba el papelito donde guardaba un gramo de coca de su novio, y éste se agarró un cabreo tremendo. Tras un rato buscándolo, llegamos por fin a la casa, con el ambiente ya muy tenso. No tengo nada en contra de que la gente tome lo que le dé la gana, pero lo preocupante es cuando tienes reacciones de este tipo (y más sabiendo, como me dijo Nuria en secreto en otro momento, que ella lo había pagado). Una vez en la casa, la situación era ya absurda e incómoda. Él le lanzaba reproches, ella se defendía y se disculpaba constantemente con nosotros. El papelito apareció por fin, pero no sin que antes, según me explicó a solas, él la agarrase del cuello y le diera una bofetada cuando estaban a solas en la cocina.
La vida está llena de problemas que te suceden sin previo aviso y sin buscártelos, pero cuando tu novio te hace eso, creo que las señales de lo que te puede pasar están más claras que el agua.
Llegó por fin la hora de irnos, y por culpa de haber retrasado tanto la hora de volver, un tramo del camino a casa tuvimos que hacerlo a pie, porque ya no había metro: rendición número cuatro. Esta fue la que menos me importó, porque tenía ganas de andar. De hablar.
Y por el camino, se fue formado dentro de mí una determinación que llevaba días rumiando y que gracias a esta situación ha salido a la luz por fin: estoy harto de adaptarme a los deseos de los demás constantemente. HARTO. Estoy harto de adaptarme a sus personalidades, a sus gustos, a su sentido del humor, a sus horarios, a sus comidas, a sus planes. Entiendo que en la vida a menudo hay que adaptarse un poco a la gente para poder convivir, pero lo que no puede ser es que uno termine haciendo al 100% la voluntad de los demás y aplaste siempre su propia personalidad.
Aún no ha llegado 2013, pero si no se acaba el mundo este diciembre, mi determinación para este año ya está tomada. Voy a intentar ser más fuerte, voy a intentar expresar claramente lo que me gusta y lo que no, voy a tratar de ser más sincero y menos bienqueda. Voy a ser más yo.
Y la próxima vez que alguien proponga tapas, me van a oír ;)
Ya desde la conversación previa en wasap (déjemoslo así, que el nombre auténtico es una pesadez de escribir), comenzó el proceso de "adaptación": ella proponía cervezas y picar algo. La verdad es que ayer era el típico día en que no me apetecía nada beber, y respecto a "picar algo", ya sabía bien lo que se nos venía encima: tapas.
Estoy hasta el gorro de las tapas.
Respeto el gusto de cada cual, y sé que en general a casi todo el mundo le encantan, pero para mí suponen:
a) comida tirando a grasienta que no me viene nada bien para mis problemas de piel.
b) someter tu comida a la decisión de la mayoría, con lo que es muy posible de que todas las cosas que se pidan sólo te gusten una o dos.
c) por la razón anterior, acabar comiendo tres calamares, dos trozos de pan y una croqueta y media
d) pagar una media de 20 euros por haber comido esa cantidad de comida.
A lo mejor parece egoísta, pero no sé qué tiene de malo pedirte tu propio plato, que sabes que te va a gustar casi seguro, y al menos disfrutar de la comida que vas a pagar. Si la gente quiere variedad, a mí no me importa nada invitarles a coger de mi plato.
En fin, volviendo al tema, el caso es que no me atrevía a llevarle la contraria y sugerirle lo que me apetecía de verdad: un vegetariano, un italiano, un japonés, un sitio de pasta y ensaladas, el mismo McDonalds. Sé que si lo hubiera hecho, a la chica le habría dado poco menos que un desmayo ante la idea, y me habría dicho que cómo podía sugerirle esas cosas cuando me estaba ofreciendo conocer un sitio genial al que ella y su novio iban siempre. Rendición número uno.
Una vez en la cena, se cumplió todo lo que digo más arriba. Como única concesión, me pedí, junto a una cerveza por no parecer demasiado aguafiestas (rendición número dos), una jarra de agua, sabiendo que eso me costaría comentarios de que yo era demasiado formal, etcétera. Durante la cena, cada vez se iba haciendo más claro para Ikki y para mí que no teníamos nada que ver con ellos. La chica, vamos a llamarla Nuria, es buena gente, la típica persona de carácter fuerte, muy apasionada, muy directa al hablar, de sangre caliente. Una de estas personas que no se dan cuenta de lo fácilmente que pueden ofender con su forma de forma de hablar ("Eso es una gilipollez", en respuesta a una opinión personal e intransferible de Ikki en cierto momento). Su novio, básicamente igual. Buena gente en el fondo, pero de carácter brusco.
Y tanto.
Ikki y yo no queríamos ir a su casa a tomar una última copa, pero no fuimos capaces de contradecirla (rendición número tres), y por el camino ocurrió una cosa que enturbió el resto de la noche. Nuria no encontraba el papelito donde guardaba un gramo de coca de su novio, y éste se agarró un cabreo tremendo. Tras un rato buscándolo, llegamos por fin a la casa, con el ambiente ya muy tenso. No tengo nada en contra de que la gente tome lo que le dé la gana, pero lo preocupante es cuando tienes reacciones de este tipo (y más sabiendo, como me dijo Nuria en secreto en otro momento, que ella lo había pagado). Una vez en la casa, la situación era ya absurda e incómoda. Él le lanzaba reproches, ella se defendía y se disculpaba constantemente con nosotros. El papelito apareció por fin, pero no sin que antes, según me explicó a solas, él la agarrase del cuello y le diera una bofetada cuando estaban a solas en la cocina.
La vida está llena de problemas que te suceden sin previo aviso y sin buscártelos, pero cuando tu novio te hace eso, creo que las señales de lo que te puede pasar están más claras que el agua.
Llegó por fin la hora de irnos, y por culpa de haber retrasado tanto la hora de volver, un tramo del camino a casa tuvimos que hacerlo a pie, porque ya no había metro: rendición número cuatro. Esta fue la que menos me importó, porque tenía ganas de andar. De hablar.
Y por el camino, se fue formado dentro de mí una determinación que llevaba días rumiando y que gracias a esta situación ha salido a la luz por fin: estoy harto de adaptarme a los deseos de los demás constantemente. HARTO. Estoy harto de adaptarme a sus personalidades, a sus gustos, a su sentido del humor, a sus horarios, a sus comidas, a sus planes. Entiendo que en la vida a menudo hay que adaptarse un poco a la gente para poder convivir, pero lo que no puede ser es que uno termine haciendo al 100% la voluntad de los demás y aplaste siempre su propia personalidad.
Aún no ha llegado 2013, pero si no se acaba el mundo este diciembre, mi determinación para este año ya está tomada. Voy a intentar ser más fuerte, voy a intentar expresar claramente lo que me gusta y lo que no, voy a tratar de ser más sincero y menos bienqueda. Voy a ser más yo.
Y la próxima vez que alguien proponga tapas, me van a oír ;)
viernes, 2 de noviembre de 2012
Independiente dependiente
Seguro que has escuchado esa historia del perro que pasa mucho tiempo encadenado a un palo. cuando por fin un día sacan el palo del suelo y el perro puede irse a donde quiera, se queda ahí. Nunca sale del radio de movimiento que le permitía la cadena.
Pues así soy yo.
Ikki y yo pasamos muchísimo tiempo juntos. Tenemos algunos amigos en esta ciudad y a veces hacemos salidas y cenas con compis del trabajo, pero la mayor parte del tiempo libre lo pasamos juntos. A menudo, en esos ratos me siento un poco agobiado y pienso en la cantidad de cosas que me gustarñia ponerme a hacer si no estuviera con él. Quizá ordenar por fin todos esos papeles (una ridiculez, pero necesario). Comprarme esa ropa cara y un poco absurda que él considera un despilfarro. Ir a tal sitio. Ver todas esas películas que tengo pendientes. Leer todos esos libros. Tener la posibilidad de ligar con gente nueva, sentir que le puedes gustar a alguien más. Sí, esto también.
¿Y sabéis qué hago cuando tengo una tarde o un día libre, como hoy, y él no está porque está en su pueblo o trabajando? Nada. De nada. Hoy ha sido uno de esos días. De repente, sin él al lado, el mundo me parece un lugar hostil y frío (figurada y literalmente, ahora que es otoño), y salir a la calle yo solo a hacer cosas se me hace cuesta arriba. De repente la mirada de los extraños me pesa mucho más, y siento como si de alguna forma invisible, el mundo no estuviera hecho para gente sola. Sé de gente muy independiente, y les envidio. Gente que hace turismo sola, que va a bares o a la discoteca sola cuando le apetece (supuestamente se liga mucho más que si vas con gente). Yo disfruto mucho menos del turismo si voy solo, porque no me siento igual de a gusto y en parte pienso que todo pierde parte de su sentido si no puedes comentarlo. Respecto a los bares y tal, bueno, eso ya es otra liga y no sé si nunca sería capaz.
Al final, esta tarde, decidido a no dejar que pasase el día absurdamente en casa, y queriendo ponerme a prueba, me fui a ver una exposición que llevaba tiempo queriendo ver. Me dije que iría con calma, leyendo bien los carteles, concentrándome en disfrutar de lo que veía sin pensar en nada más. Al salir miré el reloj, y comprobé que quizás habría pasado unos tres cuartos de hora, o quizás algo más de media hora. Bueno, siendo bueno conmigo mismo, a lo mejor de por sí no se tarda tanto en ver una exposición de una sola planta, y la verdad es que me lo tomé con toda la calma que pude...
Mi mejor amiga Aisha y yo a menudo hablamos de si deberíamos romper con nuestras parejas por no sentir lo que deberíamos... en este dilema se entremezclan todo tipo de cosas a favor y en contra, y una de la que más nos pesa a ambos, es este egoísta miedo a la soledad que nos amenaza a ambos. Sí, es fácil hablar, pero el mundo a solas me puede dar mucho miedo, y quizás si al final diera el paso a lo mejor terminaría viviendo una vida pequeña y triste, trabajando y pasando el resto del tiempo en casa, saliendo solo para hacer la compra.
Hoy me venía a la mente el pequeño curso de japonés que hice este verano. Me apunté no sólo por el idioma en sí, sino por abrirme un pequeño hueco nuevo en el mundo, en esta ciudad. Casi siempre que me he apuntado a algo he acabado alegrándome de haberlo hecho. Cursos de idiomas, de escribir, de cualquier cosa. Me viene muy bien, a mi personalidad evitativa y con tendencia a la pasividad y la dejadez, tener algo que estructure mis días, tener a gente compartiendo un objetivo sobre el que puedes hablar, unos horarios, una finalidad.
El curso de japonés fue un éxito a medias. Aunque fue hace muy poco, recuerdo con cariño a mi único compañero de clase. A la profesora con su humor contagioso. Al paseo de los árboles en esa zona de la ciudad que no conocía y que durante aquellos días visité tanto. El paseo de los árboles, abrazado por el calor de aire en verano.
Pues así soy yo.
Ikki y yo pasamos muchísimo tiempo juntos. Tenemos algunos amigos en esta ciudad y a veces hacemos salidas y cenas con compis del trabajo, pero la mayor parte del tiempo libre lo pasamos juntos. A menudo, en esos ratos me siento un poco agobiado y pienso en la cantidad de cosas que me gustarñia ponerme a hacer si no estuviera con él. Quizá ordenar por fin todos esos papeles (una ridiculez, pero necesario). Comprarme esa ropa cara y un poco absurda que él considera un despilfarro. Ir a tal sitio. Ver todas esas películas que tengo pendientes. Leer todos esos libros. Tener la posibilidad de ligar con gente nueva, sentir que le puedes gustar a alguien más. Sí, esto también.
¿Y sabéis qué hago cuando tengo una tarde o un día libre, como hoy, y él no está porque está en su pueblo o trabajando? Nada. De nada. Hoy ha sido uno de esos días. De repente, sin él al lado, el mundo me parece un lugar hostil y frío (figurada y literalmente, ahora que es otoño), y salir a la calle yo solo a hacer cosas se me hace cuesta arriba. De repente la mirada de los extraños me pesa mucho más, y siento como si de alguna forma invisible, el mundo no estuviera hecho para gente sola. Sé de gente muy independiente, y les envidio. Gente que hace turismo sola, que va a bares o a la discoteca sola cuando le apetece (supuestamente se liga mucho más que si vas con gente). Yo disfruto mucho menos del turismo si voy solo, porque no me siento igual de a gusto y en parte pienso que todo pierde parte de su sentido si no puedes comentarlo. Respecto a los bares y tal, bueno, eso ya es otra liga y no sé si nunca sería capaz.
Al final, esta tarde, decidido a no dejar que pasase el día absurdamente en casa, y queriendo ponerme a prueba, me fui a ver una exposición que llevaba tiempo queriendo ver. Me dije que iría con calma, leyendo bien los carteles, concentrándome en disfrutar de lo que veía sin pensar en nada más. Al salir miré el reloj, y comprobé que quizás habría pasado unos tres cuartos de hora, o quizás algo más de media hora. Bueno, siendo bueno conmigo mismo, a lo mejor de por sí no se tarda tanto en ver una exposición de una sola planta, y la verdad es que me lo tomé con toda la calma que pude...
Mi mejor amiga Aisha y yo a menudo hablamos de si deberíamos romper con nuestras parejas por no sentir lo que deberíamos... en este dilema se entremezclan todo tipo de cosas a favor y en contra, y una de la que más nos pesa a ambos, es este egoísta miedo a la soledad que nos amenaza a ambos. Sí, es fácil hablar, pero el mundo a solas me puede dar mucho miedo, y quizás si al final diera el paso a lo mejor terminaría viviendo una vida pequeña y triste, trabajando y pasando el resto del tiempo en casa, saliendo solo para hacer la compra.
Hoy me venía a la mente el pequeño curso de japonés que hice este verano. Me apunté no sólo por el idioma en sí, sino por abrirme un pequeño hueco nuevo en el mundo, en esta ciudad. Casi siempre que me he apuntado a algo he acabado alegrándome de haberlo hecho. Cursos de idiomas, de escribir, de cualquier cosa. Me viene muy bien, a mi personalidad evitativa y con tendencia a la pasividad y la dejadez, tener algo que estructure mis días, tener a gente compartiendo un objetivo sobre el que puedes hablar, unos horarios, una finalidad.
El curso de japonés fue un éxito a medias. Aunque fue hace muy poco, recuerdo con cariño a mi único compañero de clase. A la profesora con su humor contagioso. Al paseo de los árboles en esa zona de la ciudad que no conocía y que durante aquellos días visité tanto. El paseo de los árboles, abrazado por el calor de aire en verano.
miércoles, 22 de agosto de 2012
Debajo
Hay días en los que uno siente que está cayendo a su punto más bajo. Es como tratar de nadar en el barro. Para los que hayáis visto La historia interminable, es lo que tuvo que sentir el caballo de Atreyu cuando se hundía. Y lo que sintió el propio Atreyu al perderle.
Siento que estoy cayendo lentamente hacia ese sitio desde hace días. Constantemente siento una mezcla de desinterés y ganas de llorar.
Ayer ocurrió una cosa que me hizo sentir fatal. Lo que ocurrió no me deja en muy buen lugar. Habíamos quedado Ikki y yo por la noche con nuestro amigo Alan. Se trata de un chico increíblemente hablador. Pero no sólo es hablador; es además de ese tipo de gente capaz de hilar los temas con fluidez y gancho, con lo que puede estar contándote algo que quizás ni te va ni te viene, y no sabes muy bien cómo ha acabado hablando de ese tema... El caso es que no resulta aburrido, porque tiene ese don, esa chispa. ¿Qué ocurre? que en definitiva las conversaciones en cierto modo las monopoliza. Cuando estoy con gente así,que es capaz de hablar muy fluidamente y con aplomo de cualquier cosa, a menudo me siento bloqueado. Siento que es muy difícil "meter cuchara" e influir en el curso de la conversación y explicar yo mismo algo que venga al caso. Me atasco, tartamudeo, soy incapaz de encauzar lo que quiero decir de manera que la conversación se "abra" y hablemos todos, y claro, con un intento tan pobre de participar en la conversación, todos los participantes reciben el mensaje no verbal de que lo que tengo que decir no es nada muy interesante y básicamente todo sigue su curso, como si de fondo un grillo hubiese hecho un débil ruidito en medio de la fiesta.
En un momento dado traté de explicar una anécdota relacionada con lo que Alan contaba, y sin dar más pie a nada, Ikki, que escuchaba atento y divertido a Alan, me frenó y le dijo a Alan que siguiera con eso que contaba, que la cosa estaba interesante. Esto fue la puntilla. Posteriormente, ya a punto de despedirnos, Alan decía otra cosa, y mientras Ikki trataba de hacerme una de esas caricias de pareja que hacen sentirse a la gente que te rodea incómoda. Le aparté molesto, y él se reía notando mi incomodidad. Todo esto me llenó de rabia y de tristeza. No quiero que Ikki me trate como a un muñeco de peluche delante de la gente, quiero que me escuche y no me haga sentir más todavía como lo que yo quiera decir no tiene ningún interés.
Alan es una buena persona y esto de hablar por los codos no lo hace por ansias de protagonismo ni nada por el estilo, simplemente es así. Sin embargo, me he ido dando cuenta de que estar con él y su novio, Víctor, me hace sentir mal. Quizás porque soy un puto insatisfecho crónico, quizás porque no puedo evitar compararme con ellos y sentir que no es comparable lo que hay entre ellos dos y lo que hay entre Ikki y yo por mi parte.
Siento que estoy cayendo lentamente hacia ese sitio desde hace días. Constantemente siento una mezcla de desinterés y ganas de llorar.
Ayer ocurrió una cosa que me hizo sentir fatal. Lo que ocurrió no me deja en muy buen lugar. Habíamos quedado Ikki y yo por la noche con nuestro amigo Alan. Se trata de un chico increíblemente hablador. Pero no sólo es hablador; es además de ese tipo de gente capaz de hilar los temas con fluidez y gancho, con lo que puede estar contándote algo que quizás ni te va ni te viene, y no sabes muy bien cómo ha acabado hablando de ese tema... El caso es que no resulta aburrido, porque tiene ese don, esa chispa. ¿Qué ocurre? que en definitiva las conversaciones en cierto modo las monopoliza. Cuando estoy con gente así,que es capaz de hablar muy fluidamente y con aplomo de cualquier cosa, a menudo me siento bloqueado. Siento que es muy difícil "meter cuchara" e influir en el curso de la conversación y explicar yo mismo algo que venga al caso. Me atasco, tartamudeo, soy incapaz de encauzar lo que quiero decir de manera que la conversación se "abra" y hablemos todos, y claro, con un intento tan pobre de participar en la conversación, todos los participantes reciben el mensaje no verbal de que lo que tengo que decir no es nada muy interesante y básicamente todo sigue su curso, como si de fondo un grillo hubiese hecho un débil ruidito en medio de la fiesta.
En un momento dado traté de explicar una anécdota relacionada con lo que Alan contaba, y sin dar más pie a nada, Ikki, que escuchaba atento y divertido a Alan, me frenó y le dijo a Alan que siguiera con eso que contaba, que la cosa estaba interesante. Esto fue la puntilla. Posteriormente, ya a punto de despedirnos, Alan decía otra cosa, y mientras Ikki trataba de hacerme una de esas caricias de pareja que hacen sentirse a la gente que te rodea incómoda. Le aparté molesto, y él se reía notando mi incomodidad. Todo esto me llenó de rabia y de tristeza. No quiero que Ikki me trate como a un muñeco de peluche delante de la gente, quiero que me escuche y no me haga sentir más todavía como lo que yo quiera decir no tiene ningún interés.
Alan es una buena persona y esto de hablar por los codos no lo hace por ansias de protagonismo ni nada por el estilo, simplemente es así. Sin embargo, me he ido dando cuenta de que estar con él y su novio, Víctor, me hace sentir mal. Quizás porque soy un puto insatisfecho crónico, quizás porque no puedo evitar compararme con ellos y sentir que no es comparable lo que hay entre ellos dos y lo que hay entre Ikki y yo por mi parte.
lunes, 20 de agosto de 2012
El sexo por defecto
El otro día, en una crítica de Brave, la nueva de Pixar, un usuario de imdb opinaba que, quizás por tratar la relación entre una madre y su hija, había sido incapaz de conectar con los personajes. Otro usuario (creo recordar que una chica) le contestaba que miles de otras películas infantiles de enorme éxito habían sido protagonizadas por figuras masculinas y ninguna niña había tenido problemas en identificarse, y que lo que le pasaba es que la sociedad consideraba el masculino como "el sexo por defecto". Y creo que, simple y llanamente, dio en el clavo.
El tema es tan amplio, casi inabarcable, y me interesa tanto que casi podría dedicarle un blog entero en exclusiva (es una idea...). ¿Habéis oido alguna vez hablar de "literatura masculina"? ¿Cuando pensáis en los Beatles, creéis que el hecho de ser cuatro chicos hacía que sus letras tuvieran un punto de vista masculino? ¿Existe un punto de vista masculino?
No me gusta nada simplificar y sacar conclusiones facilonas, porque creo que la verdad es más enrevesada de lo que parece. Sería hipócrita negar que el público principal de las comedias románticas son las chicas (las grandes productoras no están ahí para tirar el dinero arriesgándose), y el de las pelis de acción tipo Jason Statham son tíos principalmente heterosexuales. Sí, lo sé, en ambos grupos hay excepciones. Yo mismo puedo disfrutar de casi cualquier clase de película con tal de que esté bien hecha o por algún motivo personal me interese, al margen de su calidad. Hasta hace poco el cine bélico era el cero absoluto para mí ya que ninguna película me gustaba lo más mínimo, pero llegó En tierra hostil y este muro también fue derribado. Ahora ya mi única frontera son los western...
Pero también mentiría si no dijera que a veces me pregunto hasta qué punto esta división estereotípica entre sexos no es sino una creación cultural. Un ejemplo claro es el fútbol. Hasta hace no mucho, ser hincha de fútbol era una cosa "de tíos". Sin embargo, con el paso del tiempo, las chicas se han introducido en este mundo de forma completamente orgánica, y ahora mismo diría que es una pasión compartida diría que al 50%.
Los ejemplos a la inversa son más difíciles de encontrar, porque aquí el machismo sí que asoma las zarpas de forma muy clara. Que una chica haga cosas de chicos es raro. Que un chico haga cosas de chicas es ridículo/vergonzoso/una mariconada. Sólo se me ocurre una excepción: el progresivo aumento del cuidado por la estética de los hombres: la depilación, los peinados cada vez más sofisticados, el avance de los cosméticos para hombres. Tengo que reconocer que no sé si esto es un avance o un retroceso social.
Una de los caballos de batalla más complejos del feminismo es... definir sus propios límites. Al principio estaba muy claro: lo feminista era negarse al matrimonio, visto como un sometimiento a los hombres (y sin duda lo era), y acceder al mundo laboral. Este primer paso era imprescindible.
Pero la cosa, llegados a la actualidad, se complica. ¿Y si una chica, sabiendo que tiene la posibilidad de no hacerlo, decide casarse y quedarse en casa a criar a sus hijos mientras limpia y le hace la comida al marido porque es eso lo que la hace feliz? ¿Y si el sueño de otra es casarse con un millonario que la mantenga y no tener que dar palo al agua nunca más? ¿Y qué pasa con una actriz porno que afirma que le encanta rodar escenas en las que aparentemente se la degrada? Y aquí sí que abrimos de verdad la caja de Pandora, porque las ramificaciones morales son miles.
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