
Estos días he estado dándole muchas vueltas a la situación (la desgana de la que hablaba en el último post, las dudas sobre vivir en mi ciudad o en esta), y al menos por ahora he tomado una decisión para salir de este parón en el que estoy.
Me voy durante tres meses a mi ciudad, a buscar trabajo allí. Sé que puede sonar absurdo, pero sé porque me lo confirma todo el mundo que al menos de lo mío sí que hay demanda allí. Si todo sale como espero, podré reunir algo de dinero y más experiencia, y al volver, tendré más dinero en la cuenta para seguir mantendiéndome y más experiencia personal y en el currículum con la que buscar empleo. Esta situación de ir viviendo de lo que gané en verano sin expectativas de conseguir algo pronto no puede alargarse indefinidamente, porque, ¿qué haría cuando se me terminaran los ahorros? ¿Volver a pedirles a mis padres dinero?
Ayer, después de habero madurado bien, se lo conté por fin a Ikki. Que se quedó hecho polvo. Se le humedecieron los ojos, y me dijo que esto sabía que iba a ocurrir antes o después. Me dijo que eso dónde nos dejaba. Y que temía que yo, una vez allí, rodeado de mi familia y mis amigos y con más posibilidades de tener trabajo, decidiría quedarme. Cuando Ikki se enfada o se entristece de verdad, me parte el alma por la forma en que reacciona. Él, que es tan hablador y alegre, se queda completamente callado, te esquiva con la mirada y con el cuerpo como si fueras invisible y se pone a hacer cualquier actividad en silencio.
El miedo de Ikki no puedo negar que es comprensible. A eso hay que sumar la presión de mis padres y el hecho de que aquella siempre será mi ciudad... Pero por otro lado aquí me quedé este verano, aún cuando tuve que estar varias semanas sin verle, trabajando en el hospital. Me dijo, y eso me dolió, que me quedé porque había encontrado trabajo, pero le recordé que allí también habría encontrado trabajo, y que si me quedé fue por él.
Sé que no me puede "apoyar" porque, aunque me reconoció que entendía mi decisión, no le agrada, pero la verdad es que apoyo es lo que necesito ahora. Me siento como si fuera a dar un salto desde un trampolín, porque no sé bien qué me voy a encontrar a partir de ahora. Un nuevo hospital, en el que aprender otras vez las pequeñas cosas propias de cada sitio, la presión de mis padres, que querrán aprovechar la ocasión para insistir en que me quede... la posibilidad de que todo este plan salga mal y no encuentre trabajo (todo el mundo dice que hay mucha falta de enfermeros, pero ¿y si no tengo suerte?). Estoy asustado.
Además Ikki y yo funcionamos peor por teléfono. Así como con varios de mis amigos puedo estar mucho rato hablando y siento que la comunicación fluye sin problemas, con él no es igual. Nuestra relación se basa en poder tocarnos sin decir nada, en hablar de lo que va apareciando ante nuestros ojos, y cuando tenemos que hablar por teléfono todo se complica, como sin atravesásemos un río. ¿Podemos sobrevivir a los tres meses?




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